domingo, 22 de diciembre de 2019

Agrio

Recuerdo el sabor de la alegría en mi pecho, y hoy que la veo parece como un sueño lejano y difuso, le veo con los ojos entrecerrados, a mil y un kilómetros de distancia, pero a diferencia de días atrás, hoy la niebla no la oculta, y se pasea como un fantasma sin saber a dónde va, ojalá quisiera venir a vivir en mis labios, que supiera que aquí en casa el frío me quema el alma, que viniera encantada a quitarme las dudas, que corriera las lágrimas y el miedo, ojalá escuchara que la llamo, que aclamo su presencia en mi vida, que extraño el cantar de sus melodías por la mañana, que temo que nunca me vea, y que le espero, y que me arrastro como puedo hacia ella, lejos del frío, de la desesperanza.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Quiero abrirme las venas para sacar todo el dolor que fluye dentro de ellas, lo drenaría, lejos, muy lejos, dónde ya no pueda volver a mi.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Durante mucho tiempo pensé que tu presencia en algún momento se extinguiría, y deseaba un botón que detuviera todo en el momento perfecto, aunque siempre supe que el siempre es el cuento de hadas que por más que me esforzara, nunca creí, con el paso del tiempo he podido comprobar que si, que en algún momento tu presencia se marchará, y que injusta podría llegar a ser pidiéndote eternidad, cuando a diario estoy muriendo también, y tal vez me sea dañino, tal vez mis grietas se abrirán más, de vez en cuando, pero hice a un lado todo aquello que no me permita ver qué tú presencia no se ha esfumado dejando vacío, que permaneces, y que yo permanezco. ¿Que injusta sería, si por temerle a tu ausencia, ignoro que aún puedo verte.

viernes, 25 de octubre de 2019

Niebla

Alrededor de las 9 de la noche, me perdí en ese fondo blanco que solía soñar cuando era muy pequeña, mi mente se enredaba poco antes de caer en el sueño, como un hilo que se hacía un desastre a propósito, en mi cabeza había mucha presión, y en mi pecho mucha angustia, pero aunque conocía el desenlace, aunque supiera que las líneas en el pavimento irían más rápido cada vez, aunque supiera que si buscaba llegar a mi padre al final de ese escenario blanco interminable, nunca llegaría a su abrazo cálido, y moriría en ese abismo frío, en la soledad de un fin triste, y doloroso. Desperté en la cama de arriba, buscando a mis padres, porque tenía 6 años, a veces tengo el mismo miedo que tenía entonces, y deseo con todas mis fuerzas despertar y encontrar a mi hermano viendo televisión, como aquella noche, sintiendo la misma seguridad como cuando decía que mis padres volverían en unos minutos, que no debía temer. De alguna forma siento que perdí todo eso. Crecí.

martes, 8 de octubre de 2019

Feliz

Mañana es mi cumpleaños 22, pero no lo quiero. Es triste, ¿No? Estar vivo sin quererlo, sin poder hacer nada al respecto, querer ser feliz y no poder lograrlo, porque mi mente es mi propia enemiga, porque crecí de una forma muy extraña, creando en mi cabeza las distorsiones más absurdas solo para hacerme daño a mi misma.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Se quemaron mis cuerdas vocales, ya no puedo emitir sonido alguno, aunque supliques por una respuesta gritada al viento, no podré ni siquiera abrir la boca, tengo los labios sellados, pegamento sabor a pasado me los cerró, y como un gato que juega con una bola de hilo, cada pensamiento en mi cabeza se enredó, ya no hay manera, no conozco donde inicia el desastre, no logro encontrar el principio de la enmarañada forma que tienen las palabras, escurridizas, se esconden debajo de cada escalón en mi mente. Quiero encontrarlas, quiero que sepas, ¿Cómo?.

🕷️

Azul era tu piel, y los latidos apacibles de tu corazón formaban la melodía más bonita que podía escuchar hasta que amaneciera. Azul era tu piel, como el color de la sangre que jamás tuve, y mi voz venció el estruendo de la música a nuestro alrededor, y tú sonrisa rompió cada una de las espinas clavadas en mi pecho, azul era tu piel, azul como el color de la paz que tus ojos me daban, y perdí la cuenta de las constelaciones marcadas en ella. Mientras tus ojos se cerraron para besarme me pregunté: "¿Cuánto tiempo tendré para contar cada estrella, antes de que desaparezca el universo?" Tomaré cada segundo, porque azul era tu piel cuando dijiste que me amabas.
A pedazos, en silencio, a puntadas, entre gritos, a veces frío, casi siempre, a veces calma, casi nunca, esperanzado, con la columna rota, lágrimas ácidas, pupilas llenas de oscuridad, cegado, entre la ceniza. Voy a recostarme entre las piezas, aunque la niebla intente perderme, aunque las llamas abracen mi agrietada piel, y si mi voz se ha consumido; gritaré con mis manos, mientras te cuento las cicatrices, mientras sacudo el polvo que tus huesos acumularon, mientras derrito la cera de mil velas; para ahullentar la oscuridad, gritaré con el toque de mis labios agrietados, mientras bebo la incertidumbre, las dudas e inseguridad, gritaré entre las sábanas blancas de tu vida, con mis ojos al mirarte, gritaré aunque el ruido sea más fuerte que la voz quemada en mi garganta, porque sé, que aunque no emitan, mis cuerdas vocales, ninguna clase de sonido, sé, que escucharás. Lo entenderás.
Y al final, cortaste mis cuerdas vocales, y ya no emito ningún sonido, contagiaste de frío cada uno de mis huesos y enfermé de miedo, de inseguridad, sin darme cuenta ya tenía heridas tan profundas que sangraban sin detenerse, es que también quemaste mis pestañas, con el llanto que derramé más de una vez, y ahora vivo mirando mi reflejo pensando en todos los defectos que hay en mi, en cada cosa que pudiera decir sonando estúpida, así que miro hacia abajo, cubro mi cara, tomo el hilo y coso mis labios para que no puedan abrirse más.
Quería soltar, pero el miedo se me pegó a las costillas y no supe que hacer, se me enredó en los pulmones y no pude responder, quería decir "por favor, para" pero nada salió de mi garganta, y la inseguridad se me abrazó a las muñecas y mis dedos cayeron, todos juntos de una vez, quería estirarlos hasta tocarle, pero ya no había manera de hacerlo, "¿qué haré?" Pensé, mientras su silueta se borraba.
Desde la calma observo el incendio que se ha producido afuera, conozco el ardor de ese fuego que abraza cada cosa hasta dejarla hecha nada, la conozco, pero ahora observo desde la momentánea calma que viene antes de que el cielo caiga hecho cenizas, antes de que a la luna le crezcan colmillos y garras, antes de que descubra que mi columna en realidad está hecha de aire, y de que el fuego toque a mi puerta, esa que nunca puedo cerrar, antes de que me dé cuenta aparecerá abrazando cada mueble, hasta llegar a mis piernas, donde se enrollará hasta convertirlas en polvo, y de nuevo seré ceniza, y ese pesar tan familiar perfumará lo que quede de mis ojos, lo que quede de mí, de nuevo.

Astronauta

De alguna manera te busco, en cada pétalo amarillo, en cada grano de arena, entre las gotas del océano, entre mis lágrimas, de alguna manera te encuentro en el sonido de las alas de esas gaviotas que vuelan cerca del suelo, en el viento fuerte sobre la playa, en una caminata bajo el sol, de alguna manera siempre te veo, entre mis sueños o en mis recuerdos sin sonido, sin el sonido de tu voz, pero ya no te encuentro en la calle, ni en las canciones de navidad, mucho menos dejando tu aroma en casa... por las mañanas, y te pierdo cada vez que pienso que te encuentro, ya no te encuentro en los abrazos de la gente, ni en casa de la abuela, tampoco te encuentro entre mis letras, ni en tus bromas torpes, esas que por casualidad, en algún lugar, alguien también repite, ya no te encuentro en el dolor, de cada madrugada oscura, ni en la música que escuchabas conmigo, ni en mis recuerdos, te perdí, cada vez que creí que te encontraba, no, mentira, me dijiste adiós, en una señal, desde lejos, ahí te perdí, y ni siquiera lo sabía, de haberlo sabido, no estaría aquí escribiendo esto, que nunca podrás leer.
Un día la depresión tocó a mi puerta, y sin darme cuenta quité el seguro y la dejé pasar, me abrazó la piel dejándome helada y el silencio acaricio mis oídos, se sentía como si nada pudiera romper el hielo que cubría mi pecho, un vacío que no podía llenarse con nada. Así pasaron los días y amanecía pegada a mi espalda, me besaba el cuello y mis ojos se secaban de tanto llorar, me quedaba callada casi todo el tiempo, tanto que olvidaba el sonido de mi propia voz, el deseo de desaparecer venía a mi almohada cada madrugada de insomnio, y por las tardes las horas de invierno se calmaban durmiendo a pesar de no tener más ganas de dormir, no le dije a casi nadie, porque ella me dijo que a nadie le importaba, que era cosa mía, que se iban a cansar de mi, entonces sonreí por meses, a todos los que me observaban, y a veces crei que el dolor y la tristeza se habían marchado por la ventana, pero después de varios días supe que no, que las cosas no eran tan sencillas, que algo así no se iría, así, al siguiente día, a la semana siguiente, pasó entonces un año, y la anestesia me recorría todo el tiempo, el torrente sanguíneo, y me consumía cada sonrisa, se me volvió un reflejo, hubo entonces un día en que ya no pude recordar porqué, como es que todo comenzó, pero cualquier cosa, por insignificante que fuera, se convertía en algo bastante doloroso, y me cansé, así que comencé a alejarme, algunos creyeron que estaba molesta, que había cambiado, pero no, la depresión me besaba los labios agrietados, y enredaba el cabello que ya no solía peinar, rompía cualquier pedazo de esperanza de estar mejor, cada vez que aparecía en la habitación, los recuerdos me rompían la mente, y el ruido en mi cabeza aumentaba el volumen, hasta que ya no podía escuchar nada coherente. Después de tanto tiempo viviendo de ese modo, mis pensamientos giraban en torno a irme, y el poco valor que tenía. La miré a los ojos por días. Quizás meses. Ni siquiera sé que esperaba, ¿Que se fuera?, No se iría, no sin mí.
Las luces se apagaron, se apagaron ya hace muchas horas, y el agua me llega ahora hasta la garganta, y mis piernas ya se cansaron de mantenerme a flote, me encuentro en medio del escenario y en las sillas no hay espectadores que presencien el final de esta trágica obra, ya no queda oxígeno, parece que a mis pulmones se ha metido una galaxia entera, sin planetas ni estrellas, llena de oscuridad, y silencio, hay silencio, nadie aplaudió al final de las últimas líneas de mi discurso, del último diálogo que el guionista escribió, y el agua cubre ahora mis labios, y es azul, tan azul que me trae la paz, esa que viene antes del final, pronto se llenarán mis fosas nasales, y después mi corazón se apagará, podré dejar las cadenas atadas en mis tobillos y en mis muñecas, y flotaré hacia las lámparas sujetadas del techo, y haré un hueco en el techo, y flotaré hacia afuera de este teatro, lejos de la multitud de fantasmas, lejos de aquí.
He intentado, pero la asfixiante ola de sal no me permite inhalar el oxígeno, y la presión sobre mis muñecas quema, no se detiene el zumbido estridente en mi almohada, y tus manos se han vuelto solo huesos, fríos, tristes, pero intenté, metiendo el miedo en cada grieta que encontré en la pared, pero los fantasmas se empeñan en sacarlo cada noche en que la luna no me cuenta lo que le has dicho sobre mi, sé qué cuando despierte el sol no se habrá llevado nada, ni mis grietas, ni tu ausencia, mucho menos el sentimiento de estar buscando algo que nunca encuentro, no lo encuentro, ni siquiera se si acaso existe, porque lo he intentado tanto, pero no he conseguido nada.
Y a esta hora... Cada día el cielo termina quebrado bajo mis pies, mañana, de nuevo, intentaré repararlo, quizás un día ya no caiga.

🕷️

Al caer los botones, descubrí una araña viviendo en su pecho, y las telarañas se pegaron a las yemas de mis dedos, descubrí que el frío le había congelado las manos, pero en mis clavículas ni se sentía, el frío del invierno atravesó mi piel, pero la verdad es que ya ni eso importaba, había una cierta calidez en los nudos de mi cabello y en las pestañas que se cerraban, su piel azul todavía respondía, sin respirar, aún así yo la sentía, descubrí después doscientas arañas enredándose en mis piernas, caminando y dejando rastro de su paso por mis poros, las descubrí mordiendo mis tobillos, pero no había manera de que el veneno me venciera, no podía caer, el cielo me sostenía fuerte, tan fuerte que ni siquiera necesitaba pedirlo.

🕷️

Me daba miedo la agonía, el vacío de despertar y no encontrarte, de necesitarte y no tenerte, de amarte y quedarme con ello en silencio, comenzaba a temerle a tu partida no escrita en el guión, al abandono de tu silueta en mi puerta, a la acera sin tus pasos, a las canciones lentas sin tu cuerpo, a llorar sin tus abrazos. Comencé a temerle al silencio, a mi celular sin tus llamadas, a las noches sin tu aroma, a los días sin tu risa.
Le tenía miedo a muchas cosas, pero más al hecho de amarte sin tenerte. Un día me miraste, con el amor que nadie había podido darme, y el miedo se fue, no había lugar para nada más que lo que yo sentía al ritmo de lo que tú sentías por mi.

🕷️

Llenaste de primavera mi corazón, aunque pensé que ya era tierra infértil, ahora llevo pétalos en vez de pestañas, y mariposas acariciando mis entrañas, transformaste el diluvio que llenaba mis ojos, en el azul más claro y brillante que nunca contemplé, me hiciste magia, me hiciste paz, me hiciste la primavera más cálida. Y yo no sé decirte nada más que "gracias". Siempre gracias.
Hay constelaciones en tus ojos, y como enredaderas se abrazan a mi corazón, no hay espinas y no hay dolor, y no necesito el oxígeno para respirar entre las estrellas que llevas en tus brazos, entre tus lunares orbitando tu abdomen marcado por mis besos.
Caí en lo profundo, se me llenaron los pulmones de asfixia, de tormenta, de intranquilidad, y no supe cómo drenar el fango que llenó mis pupilas, se me arrancaron las cuerdas vocales, se desconectó el cable que unía mi mente a mis abrazos, y más de una vez quise correr hacia ningún lugar, pero ningún lugar me traía de regreso aquí, como en círculos en medio de bosque lleno de neblina, me perdí a mí y raspé mis muñecas hasta dejarlas rotas. Quise pedir que me salvaras, pero mis palabras se quedaron mudas mucho antes de salir.
He cerrado las ventanas, y cubierto con cortinas el paisaje del exterior, al interior se ha quedado la tenue luz de 2 velas,  y de las brasas de la chimenea que he apagado minutos atrás, las puertas no llevan seguro, y me he sentado frente a la principal, mi piel viva no lleva tela, y el silencio se acumula en mis párpados pero ya no tiene el mismo peso que ayer, retumban en la habitación los sonidos del engrane de un viejo reloj, que aún funciona y me avisa cuando he pasado un minuto más frente a la puerta abierta de par en par, ya guardé las lágrimas en los cajones y puse el miedo en una caja de cartón que arrojé por la ventana. Entonces solo espero, tras la puerta medio abierta, espero a que el invierno ya no marque mi piel, que las raspaduras sanen, que las grietas se cubran, que las risas me llenen el estómago, y la garganta escupa las cuchillas. Estoy esperando. Pero ya limpié la habitación. Es segura ahora.
Sí, yo te recuerdo así cariño, con la mirada ahogada de tristeza, llena de sorpresa, y bromas llenando tu boca, te recuerdo con aromas agradables, con abrazos reconfortantes, con historias de aliens esperándote detrás de una puerta en algún lugar del mar, te recuerdo con pinturas sobre la piel, con sueños rondándote en la cabeza, cantando canciones que nunca nadie canta, sonriéndome aunque tu mundo estuviese roto, sí cariño, yo te recuerdo así, no te recuerdo bajo el cristal donde te vi por última vez, no te recuerdo con la piel pálida, ni con los ojos cerrados por siempre, no te recuerdo destruido, ni dentro de un cajón café, no cariño, no te recordaré nunca roto, ni sin vida, te recordaré por siempre mirando sonriendo al mar.
Las heridas abiertas en mis costillas sangraban, llevaba una tormenta bajo las pupilas. Las noches se caían sobre mi espalda, aplastando con toneladas de oscuridad mi corazón, y no había ventanas sobre las paredes donde el aire pudiera entrar para acariciarme las mejillas, me asfixiaba la falta de compañía bajo éste techo de hielo, no había manera de escapar, no había lugar para mí en el exterior, donde los campos de flores no marchitan, donde la lluvia no derrite la piel, donde poder caerme a pedazos sabiendo que voy a poder volverme a armar.
Se quebraba, el mundo se rompía de a poco, había pedazos callendo del cielo, habían otros saliendo del piso, y yo, descalza, con la piel desnuda, caminé buscando una casa, un hogar donde refugiarme, lo suficientemente fuerte para soportar las cuchillas de la gente extraña que habitaba en los alrededores, pero el paisaje era un desierto, no había casas, ni edificios, ni construcciones, por eso había dejado un rastro de la sangre que he perdido, mis venas están quedando vacías, porque mi corazón no puede recuperar lo perdido de una forma tan rápida, no puede seguir el paso de la acelerada forma en que otros me lastiman la piel con su filo, pero de alguna forma sigo, y camino buscando un refugio, para recostarme sobre un suelo cálido, sobre unas sábanas cálidas, donde alguien cierre la puerta con doscientos seguros, para recuperarme, para sanar.

A la depresión

Ella me arrebató todo lo que tenía, y la culpo a ella porque necesito que alguien tenga la culpa de mi mala fortuna, de los años que me fueron robados, de los que tiré a la basura porque me quedé mirándola a los ojos, lo suficiente para regalarle ese tiempo que no volverá, que no volveré a tener, me arrebató también oportunidades, y momentos que no tendré jamás, me arrebató alegrías, le regalé pedazos de mi corazón, le entregué algunas gotas de mi sangre, y lágrimas, hasta el cansancio, y seguí, sin detenerme, hasta que comenzó a manchar más que mi vida, manchando otras vidas, llenandolas de ella, y me culpo a mi, me culpo a mi por no haberla detenido antes.
Esa melancólica melodía me recordaba a ti, a la lamentable forma en que me hiciste herida, a las mañanas de soledad donde parecía tormenta aún cuando afuera el sol cruel quemaba las pieles, me recuerda al nuevo principio, las despedidas vacías y frías, a mi corazón que llevaba atorado el tiempo, que no avanzaba, que se congeló, que se detuvo sin aviso previo. Esa melodía me recuerda a mi, entendiendo que no era amor. Que debía parar.
A veces siento que me muero, que me recorre el frio del vacío, que me pierdo en las calles del infierno, de las caminatas sin destino. Y recuerdo tu cara en mi puerta, llamando con la mirada llena de angustia, de olvido, de pérdida, y aunque sabes que aquí no hay cura, que la vida seguirá igual de rota, que nadie abrirá a la puerta que tocas, que golpeas, sigues pidiendo que vuelva la mirada por la mirilla, para echar un vistazo hacia el paisaje que ofreces, no iré hacía ningún lado, las llamas ya no arden como antes, la muerte ya no me besa como antes, y aunque me pida que le siga no escucho. Pero en noches cómo esta siento que la vida pesa más que aceptar el toque de la muerte.
Voy jugando por ahí a ser visible a fingir que toco, a intentar olvidar las heridas, voy por allá fingiendo que puedo, que sostengo las toneladas que cargo desde hace muchos años, y finjo que ya no me conozco, finjo que ya no llevo las mismas manchas, que ya no hay ni siquiera cicatrices, pero de pronto caigo en cuenta de que mi pasado, yo, venía detrás de mí, y esta noche me alcancé y toqué todo, y todo se manchó de gris, de lluvia.

Astronauta

Me dijeron que te habías ido, y mi mente fué a buscarte cada noche, sin suerte viví un tiempo creyendo que un día tú volverías, pero tus marcas en el cuello me arrancaron los últimos destellos de esperanza que tenía, de verte sin los ojos cerrados, verte y que tú me vieras, de hablarte sabiendo que me escuchabas, y hubo días en que me creí perdida, y existieron otros en que te ví en el rostro de personas desconocidas, y aunque esperara verte recorriendo las calles en las que te recordaba, muchas veces caí en cuenta de que no aparecerías porque te habías ido realmente, decidiendo colgar los últimos suspiros por la noche, deteniendo el flujo del dolor que paseaba bombeado por tus venas, y sin querer sepultaste en mi corazón un trocito del dolor que tú cargabas, por eso, aquella noche que me dijeron que te hablas ido, empaqué la estabilidad en las maletas, y el miedo me llenó hasta las pestañas, sabía ahora que sí tú te habías ido, entonces alguien más me dejaría.

Me dijeron que te habías ido, y no les creí, ni al verte tras el cristal helado, no te reconocí sin la risa que cargabas en tus labios, no te reconocí sin el sonido de tu voz que deseo poder recordar, no te reconocí, pero quería no reconocerte.

Y la verdad es que te perdí, ahora el mar nunca verá tu cara, y yo tampoco.
Ya no hay fantasmas a las 3 de la mañana, se fueron contigo porque ya no estás para protegerme, y ya no hay duetos de canciones que has escuchado a diario, tampoco escucho tus pasos a las 5 de la mañana, ni debo pelear contigo para conseguir que me dejes dormir, ya no escucho tu teclado a media noche, ni tus historias de terror por la tarde, ya no estás para abrazarme mientras lloro porque alguien me ha conseguido herir otra vez, tampoco puedo reír contigo, tampoco podemos pasar las tardes jugando a cualquier cosa, y al parecer viví tantos años esperando verte volver, pero nunca volverás, aunque a veces parezca que sí, aunque prometas venidas cada año, sigues sin tocar la puerta en mi cumpleaños, sin contestar las llamadas en el tuyo, y tú vas por ahí viviendo sin necesitarme, olvidandome, pero yo voy por la vida esperando, recordándote, voy viendo lo que yo jamás tendré, repitiendo que ojalá fuera, que ojalá pudiera, que ojalá estuvieras, pero no, a penas me voy dando cuenta.
Me encontré pasando los segundos admirando la simpleza de esos pétalos coloridos, repasando cada pliegue con la yema de mis dedos, y admirando la suavidad con la que su aroma llenó mis pulmones con cada inhalación, "te quiero" pensé, y mi corazón se llenó del amor que siempre me has dado.

Muerte

Acaricié sus mejillas, por la tarde, antes del anochecer, mientras entendía que su amor por mí no le permitiría dejarme, aun después de todo, aún después de tanto, así que le acepté, le abracé para que lo supiera, entonces de nuevo me llenó el corazón, y la mente, pero ya no era caos, un día me iré a su lado.

jueves, 26 de septiembre de 2019

A veces quiero guardar mi corazón, meterlo en una caja y sepultarlo debajo de cientos de toneladas de tierra, a veces quiero que mi piel se vuelva azul, que ya no corran los miedos por mis venas, que ya no me envuelvan de tristeza las lágrimas, a veces quiero limpiar mi piel pero las manchas no se diluyen, me siguen cortando las piernas, a veces quiero detener el sangrado, o dejarla fluir hasta morir.
Me encontraba en la inmensidad de la ciudad, con el corazón frío y la carita húmeda gracias al cielo, tomando bocanadas grandes de oxígeno, me envolví de la amargura que traía consigo la compañía de la soledad, entre los charcos y el fango mis pies no encontraban calidez por más cercana que estuviese mi casa, pero había un cierto grado de empatía en el mundo reducido a unas calles, esa noche, porque conmigo lloraban las paredes de las casas, donde probablemente habría gente feliz, o gente triste como yo, viviendo sus vidas ignorando mi paso por el mundo, y eso de alguna forma me obsequiaba una visión más diminuta de mi existencia, regalandome al mismo tiempo que mi dolor encogiera su tamaño un poco. Qué suerte la mía de encontrarme con esta noche tan fría y sola, qué suerte la mía que el mundo me entendiera. Que estuviese igual que yo; triste y sola.

domingo, 18 de agosto de 2019

El sonido del reloj resuena en mi habitación, sobre mi cama, puesto en la pared me acompaña, con cada segundo marcado mi corazón avanza al abismo 3 metros, y dejo la esperanza dormida bajo la almohada, en coma espera la muerte, casi como los sueños que vivieron sobre esa tela, cada noche, y le pregunto a las horas que creo no voy a alcanzar, ¿Porque es que la noche nunca trae consigo la tranquilidad?, Pero nunca consigo respuesta. Mientras las horas me pintan bolsas oscuras bajo los ojos, comprendo que el ácido de mis lágrimas es el dolor más leve que voy a sentir. Y me aterro. Quiero irme.
Sí tuviera el valor, esta sería mi última noche escribiendo.

viernes, 5 de julio de 2019

A veces deseo morir, pero no es porque realmente lo quiera, morir no es lo que busco, la muerte por si misma me parece aterradora, me provoca ansiedad, vacío. Y cuando digo que es lo que quiero, en realidad, lo que quiero es escapar, dejar de ahogarme en frustración, dolor, o rabia, porque el cansancio me atrapa, me quema, me llena la vida, que a veces es difícil querer despertar para vivir atrapada en la vida que a veces se torna difícil, o cansada porque las mismas personas te llenan de caos el corazón, la cabeza, en noches cómo ésta, deseo la consecuencia de morir, escapar, dejar de sentir cansancio, tan profundo.

viernes, 31 de mayo de 2019

No quería hacerlo sola, no era lo que necesitaba, pero tenía que hacerlo, así como antes lo hice.

martes, 28 de mayo de 2019

Es difícil saber a dónde iré después de esto, no sé si realmente mi alma será liberada, o si pasaré el resto del tiempo bajo la misma tormenta de la que ya estoy cansada, soy un incordio, al menos eso se siente cada vez que me despierto, y doy lastima, dependiendo de otros para sentirme valiosa, en tanto tiempo no he aprendido a estar menos rota, a saber vivir con eso, y me doy pena.
Lamento el dolor que voy a provocar, el dolor que siento lo cargo a diario y no puedo evitar pensar en irme, ya pesa demasiado, y lo lamento, lamento ser tan poco fuerte, tan débil, poco valiente, y lamento no poder hacer más que llorar y sufrir, lamento estar viva, sin estarlo, pensando en las pocas veces que he podido ser feliz. Que pereza vivir con alguien como yo. Rota, sin sentido, sin nada que poder ofrecer, callada, ausente, como voy a volver? No puedo, no sé como, necesito sentir algo, porque me siento dormida, lo lamento, desearía poder hacer que las cosas fueran distintas, poder reír, y sentir plenitud, realmente me gustaría, pero mi mente no me deja tranquila, y quiero callarla por siempre, quiero dormir por siempre, para ya no llorar, para ya no ver a nadie más llorar, para que mi cuerpo ya no tiemble de miedo, para ya no sentirme poco, para ya no creerme inservible, me gustaria poder darte algo, algo más que solo problemas, algo más que preocupación, todo sería más fácil si nunca hubiera nacido, así nadie sufriría si me voy. Cuando me vaya. Al fin.

martes, 23 de abril de 2019

Apacible, así se sienten los pocos centímetros de lejanía, entre sus labios y los míos, inundando de quietud, de armonía, y no me importa si hay estrellas colisionando a nuestro alrededor, o las llamas abrazando al mundo, yo no quiero despegar la mirada de sus labios, de sus ojos que me miran mientras brillan, y no me importa porque en ellos encuentro lo que busco, como los destellos más preciosos de la vida. Entre el silencio de sus pestañeos yo encuentro mi casa, y es el lugar más seguro que existe para mí, en todo el mundo, por eso me quedo, porque sé que tengo todo en ese par de ojos cafés, en esas manos llenas de cicatrices, en el tatuaje de esa espalda, en las mañanas colgadas en su sonrisa. Apacible, llena de quietud, de inmensidad, así se siente sostener su rostro entre mis manos, entrelazar sus manos con las mías, mirarle vivir, saberle feliz, encontrar mi hogar en sus pupilas, en sus poros, en sus latidos y su existir.

lunes, 22 de abril de 2019

Estoy segura que eres tú.

Estoy segura que eres tú, porque no hay duda que se asome cuando lo pienso, y lo sé cuando entrelazas tu mano con la mía, cuando en silencio te acercas despacio a mis labios, cuando te veo llegar a mí después de un día difícil en el trabajo, lo sé cuándo me llenas el pecho con tus manos vacías, o llenas con flores, café, chocolate, o caricias tan solo, sé que eres tu cuando nada me parece incómodo contigo, cuando eliges mi helado de los sabores más extraños, cuando el azul toma un sentido que nunca nadie más entendería, lo sé cuándo me cargas en tu espalda y corres por las calles mientras me río hasta dolerme el estómago, o simplemente me abrazo a tu espalda, cuando la vida duele menos de lo que realmente debería doler, o cuando me encuentro buscando tus latidos para sentirme mejor, cayendo en cuenta de que el sonido de tu vida es la melodía más preciosa y valiosa que he escuchado, que todo esto es tan tuyo y tan mío, como jugar en un supermercado, o compartir cualquier cosa que nos gusta, o que nos hace feliz. Sé que eres tu cuando me permito soñar con una vida feliz a tu lado, y de pronto descubro que tú también ya la haz soñado. Y te amo. Por eso sé que eres tu.

domingo, 21 de abril de 2019

De pronto ya no tenía sentido decirlo, sentir y gritarlo, llorar, expresarlo, de pronto ya no parecía importante, ya no era necesario sacarlo, la resignación me llenó cada poro, se sentía esparcida por mi sangre, en mis extremidades, y dejé de decirlo, lo sentía pero no había diferencia ahora, ya no necesitaba miradas, ya estaba por toda la habitación, acechando desde la esquina, susurrando en mi oído las cosas que me hacían cavar hacia abajo, lo que me mantendría siempre en el fondo, en un fondo más profundo cada día, ya no tenía ganas ni siquiera de decirlo en voz baja, de que mi cuerpo lo expresara. Me di cuenta entonces, que estaba más cerca del fin, y tengo miedo, aunque veo como se va atenuando...
Necesito el perdón, por mi ingratitud, por todas las cosas buenas que existen aquí, estando viva, y que no veo cuando lloro por las noches, he buscado cómo, donde, de qué manera podría irme abandonar la partida, morir en silencio, pero de alguna forma vuelvo aquí, al lugar donde escribo mis llantos, dónde no hay quien me diga que las cosas van a mejorar, que el dolor es temporal, y que me construya con los pedazos, nuevamente. Necesito el perdón por mi ingratitud, por todas esas veces que le he rogado a los dioses ni una mañana más para ésta torpe persona, que llora todos los días porque no ha Sido capaz de curarse la descosida piel, sé que me duele, pero no tengo la receta para anesteciar cada lágrima, no conozco la manera de sentirme mejor, de volver a empezar. Necesito pedir disculpas, por cargar mis piedras en sus espaldas, por no poder soltar lo que no nos hace bien a ninguno de los que me acompañan, por no poder dejar de suplicar, por favor, no quiero ningún día más.

miércoles, 3 de abril de 2019

No quiero despertar mañana, el futuro me parece desesperanzador, no me esperan los grandes éxitos que mi madre me vió conseguir cuando era pequeña, y las cosas siempre me van a doler tanto, aunque sean insignificantes, y mi mente está agotada, el sufrimiento me llena el pecho a diario, y no consigo mantenerme estable, soy un incordio, estoy apestada, mi mente vacía, sin sentido, sin ganas, no tengo ganas de seguir, no quiero despertar mañana, y descubrir que todo sigue exactamente igual. Yo voy a seguir exactamente igual, y doy flojera, lamento mucho que las personas que me ven tengan que soportar a alguien así, que solo llora, y se queja, y que ya no quiere seguir existiendo por cosas tan insignificantes, no quiero despertar mañana. Estoy cansada de la vida.

domingo, 17 de febrero de 2019

Se siente como si me estuviese sumergiendo en el océano, tan profundo que ya no puedo verle, que a veces no puedo escucharle, ni sentirle, como perdida en el azul oscuro del mar, sin respirar, ahogada, cansada, que aunque sé que moriré, la resignación, la paz me llena los pulmones, y no importa, quiero estar en el fondo, a solas, perdida.

viernes, 25 de enero de 2019

Me siento diminuta, pequeña y frágil, asustada, intranquila, sin valor, y te observo, creciendo hacía todas partes, y me asfixio, por la increíble contaminación que existe en mi pequeño mundo, el sol ya no me observa, ni me tocan sus rayos de luz, pero a veces cuando las mañanas son turbias a veces me concede un par de sonrisas que me hacen sentir diferente, del tamaño exacto, en que se supone que soy, ¿a donde va a parar todo este tiempo? Mis pensamientos no encuentran razones para seguir sintiéndome de ese modo, pero en cambio, mi cuerpo, está lleno de huecos que no se llenan, y no para el vacío no se detiene la tormenta, no se caen los cristales rotos de mi piel, y me siento cada vez más pequeña, cada vez menos importante, menos valiosa, ¿Que has visto en mi? Que yo no puedo verlo, no puedo sentirme de esa manera, ¡que gran problema! Todo va a colapsar. Sobre mi. Lo lamento, lamento tanto ser tan frágil ahora.

Hubiera.

 Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...