Quiero arrancar la soga enredada en tu cuello, soltar las bolsas que cargo en la espalda desde hace mucho tiempo; llenas de rabia, desesperación.
Construirte una casa con ventanas transparentes donde la luz pueda entrar cada mañana a tu corazón, lanzar al mar una botella llena de la tristeza inmortal de tus ojos; para que al fin te visite la tranquilidad, que tu cama sea de algodón, calida, y no fría de madera bajo kilómetros de oscuridad, quisiera regalarte un pedazo de mi tiempo, ¿podrías tomar una pieza de los bailes que me quedan por vivir? Puedo regalarte un segundo, un minuto, un año o dos, solo quítate esa cuerda del cuello.
Ojalá pudieras.
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