Si me preguntas cual es mi parte menos favorita de mi existencia, sin duda, respondería que lo es justo ahora, pero sé que eso podría cambiar en cualquier momento, por que al menos hoy, duermes junto a mi, porque al menos hoy me escuchas y yo te escucho a ti.
Desolada, así me he sentido todo el tiempo desde... tanto tiempo atrás, y empezó y no se detuvo, como en espiral hacia abajo, caí sin paracaídas y vi directo al infierno, toqué las llamas y me quedé a vivir por un tiempo, incluso hoy, creo que sigo ahí, recorriendo los pasillos con el cuerpo destrozado, con las ganas abandonadas en un rincón.
He sido pequeña y he sido grande, y he sido de todos los tamaños, de todas las formas y colores que existen, he sido nada, y he sido todo, pero casi todo el tiempo he sido miedo, y angustia, carezco de piernas, de alas, y de brazos, paralizada, y deshecha, devastada.
No quería venir aquí, porque desangrarme aquí es aceptar que todo esto esta pasando de verdad, y aunque sé que es verdad desde el principio, aceptarlo siempre es la parte más dolorosa, porque aprender a convivir con los fantasmas, el miedo, la desolación, es incluso más sencillo que verme al espejo y decirme que sí, que estoy mirando a los ojos a la muerte, que estoy mirando a la cara directo al monstruo más aterrador que venia por mi cada noche de mi infancia, sé que llevo 3 meses mirando directo a esos ojos, paralizada, sin respirar, sin poder escapar.
"Mamá, quédate" susurro cada noche.