Es desgastante, un día estar "estable" y al siguiente sentir que me caigo a pedazos, es doloroso ver, sentir, pensar, porque todo gira en torno a lo mismo, parece que nadie va a quererme así, rota, entonces pienso que será mejor si mejoro rápido, aunque tenga que fingir, finjo porque no hay otra manera mas inmediata que sonreír y no decir lo que cargo, ha pasado tiempo desde que visité este lugar por ultima vez, creo que he estado aquí por dos años de mi vida, y es frustrante pensar que ha sido tiempo que he desperdiciado, tirada en mi cama, sonriendo falsamente, sintiendo que no importa si le digo a alguien mas, pensando que todos estarían mejor sin mi, sin la carga que significa mi tristeza, mis ganas inmensas de quedarme inmóvil, de ya no salir, de ya ni siquiera esforzarme por mejorar. Estoy cansada, y ese cansancio que comienza como algo emocional se esparce por todo mi cuerpo, entonces duermo por muchas horas, y es casi lo único que hago, el problema mas grande es que ni siquiera sé como empezó todo, porque yo creí que podía con cada cosa que vino a hacerme caer, y lo siento, siento que haya personas que deban verme llorar, que deban preocuparse por mi, porque a veces no sé ni lo que estoy diciendo, porque a veces solo deseo escapar, y dejar todo.
Conocí a alguien recientemente, que me ha hecho sentir mejor en estos días tan nublados, pero parece que comienza a cansarse, y está bien, supongo que algo tan pesado como esto, en algún punto, llega a hacerte sentir frustrado, cansado, triste, y lo siento mucho.
Anoche me sentí vacía otra vez, y sentí un poco de soledad en mi habitación, pienso que tal vez las cosas nunca van a mejorar y terminaré alejando las únicas personas que todavía siguen aquí.
Me cuesta trabajo mantener limpia mi mente, libre de estas emociones tan tristes, pensamientos tan distorsionados.
La baja autoestima me comienza a alcanzar, no quiero sentirme menos, no quiero verle a el por en cima de mi, porque si eso pasa, todo se va a ir al demonio, y nunca quise nada en mi vida tanto como estar con él.
viernes, 28 de diciembre de 2018
martes, 4 de diciembre de 2018
Trenes
Mientras la lluvia abraza el fuego que existía en mi corazón; la melancolía se pasea victoriosa sobre el andén, me enreda en las escaleras de aquella vieja estación vacía de ti, recorre uno a uno los vagones de ese tren que ya no se detiene, que viaja sin rumbo alguno, y tira por las ventanillas con polvo acumulado los besos que faltaron por entregar, los que me fueron obsequiados aquella noche tormentosa, la observo convertirse en una inmensa ola de sonrisas burlonas, pero con ojos llenos de mar. Y ya no puedo ver mi reflejo sobre la pintura de ese oxidado metal, ni reconozco mis manos vacías entre la oscuridad, le digo a susurros casi imperceptibles que me extraño, que desearía que por favor se detuviese y me dejara viajar a su lado, abrazarla y dejar que me llenara las lagrimas, para que al final su viaje terminara, para que mi vida al fin tuviera un destino, llegar a una estación, sin ella, sin melancolía que me visita de vez en cuando, sin tiempo definido, sin certeza de que algún día se marchara para siempre, que no estaré estancada entre la negrura de las vías abandonadas, que las manecillas de cada reloj podrán volver a avanzar.
J.
Quiero arrancar la soga enredada en tu cuello, soltar las bolsas que cargo en la espalda desde hace mucho tiempo; llenas de rabia, desesperación.
Construirte una casa con ventanas transparentes donde la luz pueda entrar cada mañana a tu corazón, lanzar al mar una botella llena de la tristeza inmortal de tus ojos; para que al fin te visite la tranquilidad, que tu cama sea de algodón, calida, y no fría de madera bajo kilómetros de oscuridad, quisiera regalarte un pedazo de mi tiempo, ¿podrías tomar una pieza de los bailes que me quedan por vivir? Puedo regalarte un segundo, un minuto, un año o dos, solo quítate esa cuerda del cuello.
Ojalá pudieras.
Construirte una casa con ventanas transparentes donde la luz pueda entrar cada mañana a tu corazón, lanzar al mar una botella llena de la tristeza inmortal de tus ojos; para que al fin te visite la tranquilidad, que tu cama sea de algodón, calida, y no fría de madera bajo kilómetros de oscuridad, quisiera regalarte un pedazo de mi tiempo, ¿podrías tomar una pieza de los bailes que me quedan por vivir? Puedo regalarte un segundo, un minuto, un año o dos, solo quítate esa cuerda del cuello.
Ojalá pudieras.
J.
Dibujare girasoles en mis piernas para llevarte por siempre en la piel, lanzare un par cada año, al mar, para que la espuma reviente mi dolor de haberte perdido, en el mar, donde ahora descansas, dónde eres ola, espuma, sal, y viento, y te regalaré un par de girasoles cada año, uno por tus lágrimas, otro por las mías, para que se confundan al fin con el infinito azul donde no te puedo ver, pero te siento, de alguna forma entre las nubes y tranquilidad del bello atardecer. Voy a llevar por siempre girasoles en mi piel, porque me recuerdan a ti, al día en que me mostraste que aún estando quebrado, el sol puede brillar en nosotros. Aunque al final te hayas ido.
Me toma siempre de la mano, como si fuera suya, como si en el mundo no hubiera nadie más, y me abraza por la espalda, y me susurra en el oído que no me va a abandonar, y mientras escucho su corazón latiendo muy cerca de mi respiración; pienso en que ojalá, algún día me abandonara, que quizás un día quiera soltarme al fin, que ojalá se enamore de alguien más, que la soledad al fin, decida que hay alguien más a quien hacer suya, al menos por un tiempo, para descansar del vacío que ella provoca en mi corazón, ¿Si la soledad me abandona, no voy a estar aún más sola?
Decadencia
Y vivimos sin tomarnos de la mano, pero cerca, tan cerca que el color de un latido tiene aroma que podemos percibir.
Aeropuerto
Estoy guardando mi alma en la maleta gris que juré nunca usaría, y tomaré un taxi dentro de esta gran ciudad fría hasta perderme en algún aeropuerto, la perderé entre los objetos que nunca nadie reclama, olvidada en un rincón la dejaré, sin mirar atrás me perderé entre la gente, esa que no te mira a los ojos aunque ruegues por un poco de atención, y regresaré a mi habitación quebrada y húmeda de llanto para limpiar las manchas de soledad en las paredes, guardaré en el olvido el vacío que en mi pecho quedará mientras deshago los nudos de mil pulseras que jamás vivieron en mis muñecas, esas que ya no sostienes entre tus manos ni aunque el invierno me queme cada articulación.
Inviernos
Hacía frío y todavía no llegaba el invierno, todavía las flores no se cerraban, ni las aves migraban, la ciudad estaba casi tan desierta como la superficie de Marte, y yo, veía el cielo caerse a pedazos sobre mi, pequeños como cristales, ¿Dónde están tus manos, ahora? Me preguntaba, hace mil días se paseaban por mi espalda, y ahora no, y ahora hace frío aunque aún no llega el invierno, aunque las aves cantan mudas entre los árboles, ¿Donde están tus ojos ahora? Me pregunto, si hace trecientas noches lloraban el silencio que yo te regalé, Dime ¿Dónde está tú aroma? Sí hace 9 mañanas aún lo atesoraba en mi mente y ahora no lo puedo recordar, dime ¿Donde? Por favor, dime, ¿Te marcharas? ¿O hace tiempo que te has ido?
Lluvia
Mi corazón todavía está latiendo, pero ya no sé porque lo hace, mi piel todavía siente el frío, y el calor, y mis huesos todavía se queman entre tanta melancolía, mis pulmones reciben y expulsan el oxígeno que mi cuerpo logra alcanzar en mi pequeño mundo, y mi corazón continua bombeando la sangre, lo sé porque aún hay ruido en mi pecho, pero ya no sé por qué lo hace, así que todavía, todavía estoy viva, pero parece que mi alma estuvo en agonía toda la noche.
¿Dónde estaras? Me pregunto por las noches, y sé que ya no espero una respuesta, pero los días se llenan de lluvia a veces y no estas para quererme aun estando rota, ¿Dónde estarás? A veces me pregunto, ojalá esperándome sobre mi cama, mordiendo mis cosas o corriendo en mi habitación, ojalá dormido, ojalá conmigo, ojalá tan solo estuvieras, en dónde sea, pero vivo.🐰 Te extraño...
Quiero guardar el vacío que hay en mi pecho; en un cajón, olvidar dónde lo he puesto al despertar, para que nunca vuelva a su lugar, quiero guardar las nubes grises que hay en mis pestañas, y ya no quiero ver mis muñecas sangrar, dime dónde encontrar un espacio para calentar mis huesos fríos, para reparar las grietas de mi piel, debe existir un lugar donde amarrar mi columna para que no se caiga, para poder volver a caminar.
🕷️
De pronto llegas y te deshaces del polvo que mis huesos acumulaban, con el pincel de tu sonrisa coloreas los tonos grises de las grietas en mi piel, derribas los muros del miedo que formaban mi casa, y prometes mantener cada ventana abierta con el sol allá afuera, encendido, cada día, cada noche. Para mí.
J.
Por la noche tuve un sueño, que recuerdo como real, tu cabello era más corto de lo que podía recordar, de la última vez que te ví, septiembre se acababa lento, y el frío de las 9 de la noche me abrazaba cada hueso, y tú, tan alto como siempre te había recordado, abrazabas a una mujer que nunca antes vi, nunca dijiste que el pequeño en su vientre llevaría los mismos ojos que tú, tampoco dijiste que nunca lo ibas a conocer, y mentiste, cuando te acercaste a mí con la misma expresión que siempre llevas en tu rostro, mentiste cuando pregunté cómo estabas, porque dijiste que bien, y te creí.
Así que continúe, pregunté sobre tu vida nueva, de los cambios que enfrentaste, tu nuevo hogar, nuevo trabajo, pero no mencionaste las nuevas heridas, y yo tampoco pregunté, después de años sin saberte, todavía reconocí que en tus ojos todavía reinaba la tristeza, y que tu sonrisa seguía siendo la misma.
Recuerdo tu silueta distorsionada por mi cansancio, a lo lejos, agitando tu mano para despedirte, recuerdo los pasos que diste, y tu figura desapareciendo al subir al autobús, recuerdo no saber que iba a ser la última vez que me verías a los ojos, pero no, no puedo recordar la forma de tu voz.
Recuerdo el sueño que tuve por la noche, habían pasado semanas desde aquella última vez. Me recuerdo viéndote a través de un cristal, alrededor flores y velas te cuidaban, me recuerdo llorando mientras corría para buscarte, para decirte adiós por última vez, me recuerdo escuchando a las personas juzgarte, y pensando en lo poco afortunados que han sido por no tener a alguien como tú. Recuerdo soñar que decían cuanto habías sufrido, y también cuánto deseabas irte del mundo. De pronto en mi sueño tenía 7, y atenta miraba tu lápiz moverse sobre el papel, recuerdo girasoles pintados en mi libreta, recuerdo no llevarte ninguno aquella última vez.
Recuerdo el sueño que tuve por la noche, aunque parezca que nunca termina, pareciera que sigo durmiendo, ¿Pronto podré despertar?
Así que continúe, pregunté sobre tu vida nueva, de los cambios que enfrentaste, tu nuevo hogar, nuevo trabajo, pero no mencionaste las nuevas heridas, y yo tampoco pregunté, después de años sin saberte, todavía reconocí que en tus ojos todavía reinaba la tristeza, y que tu sonrisa seguía siendo la misma.
Recuerdo tu silueta distorsionada por mi cansancio, a lo lejos, agitando tu mano para despedirte, recuerdo los pasos que diste, y tu figura desapareciendo al subir al autobús, recuerdo no saber que iba a ser la última vez que me verías a los ojos, pero no, no puedo recordar la forma de tu voz.
Recuerdo el sueño que tuve por la noche, habían pasado semanas desde aquella última vez. Me recuerdo viéndote a través de un cristal, alrededor flores y velas te cuidaban, me recuerdo llorando mientras corría para buscarte, para decirte adiós por última vez, me recuerdo escuchando a las personas juzgarte, y pensando en lo poco afortunados que han sido por no tener a alguien como tú. Recuerdo soñar que decían cuanto habías sufrido, y también cuánto deseabas irte del mundo. De pronto en mi sueño tenía 7, y atenta miraba tu lápiz moverse sobre el papel, recuerdo girasoles pintados en mi libreta, recuerdo no llevarte ninguno aquella última vez.
Recuerdo el sueño que tuve por la noche, aunque parezca que nunca termina, pareciera que sigo durmiendo, ¿Pronto podré despertar?
🕷️
Hay girasoles floreciendo en mi torrente sanguíneo, creciendo y enredándose a mis venas, girando y amando la luz de un nuevo sol, hay ahora un campo enorme de girasoles abiertos en mis pulmones, y las mariposas revolotean sus alas en mi corazón, hay fuegos artificiales retumbando en mi columna vertebral, llena de espuma y sal de mar, hay noches de luz y días de fiestas sin fin, donde suenan las cuerdas de una guitarra, y una voz que retumba en cada poro de mi piel, hay un nuevo amanecer que no se parece en nada a los que antes presencié, y no se detiene. Y parece no querer dejar de existir.
🕷️
Ya no hay orugas en mi torrente sanguíneo, han hecho metamorfosis mientras te miraba, anoche sentí revolotear sus alas en mis entrañas, y sé que vuelan en un nuevo jardín que ha florecido entre mis pulmones porque la calidez de un nuevo sol nacía tras mis pupilas, lo pude sentir mientras me besabas.
Depresión
Empieza como un sentimiento de asfixia, de incapacidad, de vacío inmenso, de imposibilidad, y aumenta el ruido por todas partes, por cada habitación en la mente, como si se encendieran 100 televisores a la vez, con el volumen a tope, en canales distintos que nunca nadie quiere ver, continua como veneno paralizante y entonces te quedas quieto, como si eso pudiera detener el ardor, para ver si alguien quiere encender las luces, aunque sabes que estás encandilado, pasa a convertirse en una isla, donde crees que se esconden mil fantasmas, y destruyes cada bote que se atreve a aventurarse para intentar llegar de tu lado, y es que no quieres que se quede donde no puedes, ni tú ser feliz, se mueve todo alrededor, a kilómetros por hora, sin detenerse, algunas cosas golpean la piel y la rompen, pero a veces no se siente nada porque el frío congela cada poro, y pides, por favor, que todo pare, que prendan las luces, que el calor llegue, que las televisiones se apaguen, que el ruido se detenga, que los fantasmas se vayan, que la isla sea ciudad, que el veneno ya no queme, que se drene cada herida, que los botes no se rompan, que las sonrisas sean reales, que él quiera quedarse, y que los pulmones se reparen...
Entonces el ruido para. Y te detienes en seco, pero observas dándote cuenta que te has quedado sordo, un par de días, o una semana quizá, para después regresar al caos. Ese que no se va.
Entonces el ruido para. Y te detienes en seco, pero observas dándote cuenta que te has quedado sordo, un par de días, o una semana quizá, para después regresar al caos. Ese que no se va.
lunes, 26 de noviembre de 2018
El cielo se cae sobre mi cara, en pedazos con filo cortándome en trozos, veo las gotas carmesí caer como la lluvia, como bajo la lluvia donde estuve aquella noche en que me convertí en ceniza, en mar salada, en diluvio.
Mis párpados ya no se cierran, oxidados, me pesan, me queman las ganas de mirar más allá de la neblina, la neblina en la que vivo a diario, desde toda la vida, parece.
jueves, 14 de junio de 2018
J.
Sí, yo te recuerdo así cariño, con la mirada ahogada de tristeza, llena de sorpresa, y bromas llenando tu boca, te recuerdo con aromas agradables, con abrazos reconfortantes, con historias de aliens esperándote detrás de una puerta en algún lugar del mar, te recuerdo con pinturas sobre la piel, con sueños rondándote en la cabeza, cantando canciones que nunca nadie canta, sonriéndome aunque tu mundo estuviese roto, sí cariño, yo te recuerdo así, no te recuerdo bajo el cristal donde te vi por última vez, no te recuerdo con la piel pálida, ni con los ojos cerrados por siempre, no te recuerdo destruido, ni dentro de un cajón café, no cariño, no te recordaré nunca roto, ni sin vida, te recordaré por siempre mirando sonriendo al mar.
viernes, 8 de junio de 2018
Tan solo los recuerdos quedan y la tristeza que permanece pegada a mis huesos, y no se apaga, ni la olvidó porque todavía me llena los ojos y me consume las ganas, en mi mente se repite la herida como en un círculo que no termina, mi piel se abre una y otra vez y arden los pulmones perforados porque me cuesta respirar, y es que la tristeza no se extingue ni debilita, se me agarró a la sonrisa y pesa tanto que es mejor dejar de sonreír.
martes, 24 de abril de 2018
Quemando mis húmedas pestañas
Hace tiempo... que no encuentro tus pasos, en ninguna habitación, a ninguna hora. Permanezco en silencio cada noche, pero no, no escucho tu llegada , y no la oigo porque nunca llegas, me quedo en silencio en espera, pero no, porque ya no hay más ruido de tu presencia por ningún rincón, donde el polvo se acumula, donde envejezco sin que aparezcas, dónde espero sabiendo que abrazo la ausencia, dónde encuentro en cada madrugada recuerdos que se incendian, en mí, en mi mente, quemándome las manos, y el pecho, y las húmedas pestañas. Hace tiempo... que no encuentro tus abrazos en la entrada cada final de un día largo, ni en la cama al despertar, y no los encuentro porque nunca llegas, porque están extintos, sepultados en algún lugar en el mundo, en algún lugar que no conozco, al que yo no puedo ir. Y aunque te busco entre las sabanas, no apareces, ni en el jardín que ahora está marchito, como yo, porque lo único que aparece ahora es la sequía, en el jardín y en mi corazón, y lo único que encuentro ahora es el vacío de mis ojos en el reflejo de la lluvia, el vacío en el lado de la cama donde solías dormir, ese que ya no toco, ese que está deshecho desde la ultima vez que inundaste de ti la habitación, ese que observo desde un sofá, desde un rincón, a luz de velas, con las pestañas quemadas de llanto, abrazando lo único en lo que encuentro algo de ti, tu aroma, que un día tampoco podré encontrar.
jueves, 5 de abril de 2018
En mis ojos ya no llueve, pero relámpagos retumban en mi pecho, contra el corazón que late forzado porque camino sin saber a dónde voy, y suena en mis manos la ausencia de calidez, como el viento en un invierno eterno donde el sol ya no reside desde hace mucho tiempo, dónde a veces me pregunto si volverá por lo menos una mañana o un instante tal vez, pero no, no llega, como la calma que también ya hace tiempo que se fue, pero en mis ojos es seguro que ya no llueve, la sequía alcanzó tambien las mejillas que alguna vez inundé, pero espero que el sol vuelva, encerrada en un reloj de cristal, viendo los granos caer al revés, viendo el tiempo pasar hacia atrás, confundida, abrazando mis costillas rotas, juntando los pedazos de mi piel, como un rompecabezas, uniendo partes que ya no envonan porque alguien se las ha llevado otra vez, limpiando el desastre del huracán que me ha dejado al revés, tratando de reconocer el reflejo en el cristal de esa persona que se supone lleva consigo mis ojos donde ya no llueve, dónde se supone ya no llueve, esa persona que en el reflejo, miente, porque llueve en ellos, en mis ojos llueve, cada noche, cada vez que las luces se van.
miércoles, 28 de febrero de 2018
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Hubiera.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...