martes, 24 de abril de 2018
Quemando mis húmedas pestañas
Hace tiempo... que no encuentro tus pasos, en ninguna habitación, a ninguna hora. Permanezco en silencio cada noche, pero no, no escucho tu llegada , y no la oigo porque nunca llegas, me quedo en silencio en espera, pero no, porque ya no hay más ruido de tu presencia por ningún rincón, donde el polvo se acumula, donde envejezco sin que aparezcas, dónde espero sabiendo que abrazo la ausencia, dónde encuentro en cada madrugada recuerdos que se incendian, en mí, en mi mente, quemándome las manos, y el pecho, y las húmedas pestañas. Hace tiempo... que no encuentro tus abrazos en la entrada cada final de un día largo, ni en la cama al despertar, y no los encuentro porque nunca llegas, porque están extintos, sepultados en algún lugar en el mundo, en algún lugar que no conozco, al que yo no puedo ir. Y aunque te busco entre las sabanas, no apareces, ni en el jardín que ahora está marchito, como yo, porque lo único que aparece ahora es la sequía, en el jardín y en mi corazón, y lo único que encuentro ahora es el vacío de mis ojos en el reflejo de la lluvia, el vacío en el lado de la cama donde solías dormir, ese que ya no toco, ese que está deshecho desde la ultima vez que inundaste de ti la habitación, ese que observo desde un sofá, desde un rincón, a luz de velas, con las pestañas quemadas de llanto, abrazando lo único en lo que encuentro algo de ti, tu aroma, que un día tampoco podré encontrar.
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Hubiera.
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