lunes, 2 de marzo de 2020

Alma gemela

Caen como si tuviera el mar colgado a las pestañas, pesadas y sin ánimos de detenerse. Corren con prisa, sin luz, sin calidez, se envuelven en mi piel y se deslizan hasta morir en mi pecho, tienen mi corazón pegado a los bordes, a los bordes de mi cuerpo, del cuerpo que mantengo quieto sobre la pesadez, me mantiene flotando sobre la eternidad de los segundos. Pesan como yunques, como anclas que frenan barcos de tamaños gigantescos, me penetran los poros como agujas filosas a mil kilómetros por horas, y no paran porque en mi pecho existe una ruptura, que mide millas y millas, que es profunda como el océano, como el océano que cuelga de mis pestañas, y que no se detiene, y que no se hace pequeño, que no para porque las cosas no son tan sencillas, y no lo son, ni lo serán. Así que cuento cada gota, cada grieta que no quiere cerrar. Cuento cada centímetro que hay entre mi, y la real e inmensa verdad, entre la lejanía que existe entre su corazón y el mío.

Hubiera.

 Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...