martes, 23 de abril de 2019
Apacible, así se sienten los pocos centímetros de lejanía, entre sus labios y los míos, inundando de quietud, de armonía, y no me importa si hay estrellas colisionando a nuestro alrededor, o las llamas abrazando al mundo, yo no quiero despegar la mirada de sus labios, de sus ojos que me miran mientras brillan, y no me importa porque en ellos encuentro lo que busco, como los destellos más preciosos de la vida. Entre el silencio de sus pestañeos yo encuentro mi casa, y es el lugar más seguro que existe para mí, en todo el mundo, por eso me quedo, porque sé que tengo todo en ese par de ojos cafés, en esas manos llenas de cicatrices, en el tatuaje de esa espalda, en las mañanas colgadas en su sonrisa. Apacible, llena de quietud, de inmensidad, así se siente sostener su rostro entre mis manos, entrelazar sus manos con las mías, mirarle vivir, saberle feliz, encontrar mi hogar en sus pupilas, en sus poros, en sus latidos y su existir.
lunes, 22 de abril de 2019
Estoy segura que eres tú.
Estoy segura que eres tú, porque no hay duda que se asome cuando lo pienso, y lo sé cuando entrelazas tu mano con la mía, cuando en silencio te acercas despacio a mis labios, cuando te veo llegar a mí después de un día difícil en el trabajo, lo sé cuándo me llenas el pecho con tus manos vacías, o llenas con flores, café, chocolate, o caricias tan solo, sé que eres tu cuando nada me parece incómodo contigo, cuando eliges mi helado de los sabores más extraños, cuando el azul toma un sentido que nunca nadie más entendería, lo sé cuándo me cargas en tu espalda y corres por las calles mientras me río hasta dolerme el estómago, o simplemente me abrazo a tu espalda, cuando la vida duele menos de lo que realmente debería doler, o cuando me encuentro buscando tus latidos para sentirme mejor, cayendo en cuenta de que el sonido de tu vida es la melodía más preciosa y valiosa que he escuchado, que todo esto es tan tuyo y tan mío, como jugar en un supermercado, o compartir cualquier cosa que nos gusta, o que nos hace feliz. Sé que eres tu cuando me permito soñar con una vida feliz a tu lado, y de pronto descubro que tú también ya la haz soñado. Y te amo. Por eso sé que eres tu.
domingo, 21 de abril de 2019
De pronto ya no tenía sentido decirlo, sentir y gritarlo, llorar, expresarlo, de pronto ya no parecía importante, ya no era necesario sacarlo, la resignación me llenó cada poro, se sentía esparcida por mi sangre, en mis extremidades, y dejé de decirlo, lo sentía pero no había diferencia ahora, ya no necesitaba miradas, ya estaba por toda la habitación, acechando desde la esquina, susurrando en mi oído las cosas que me hacían cavar hacia abajo, lo que me mantendría siempre en el fondo, en un fondo más profundo cada día, ya no tenía ganas ni siquiera de decirlo en voz baja, de que mi cuerpo lo expresara. Me di cuenta entonces, que estaba más cerca del fin, y tengo miedo, aunque veo como se va atenuando...
Necesito el perdón, por mi ingratitud, por todas las cosas buenas que existen aquí, estando viva, y que no veo cuando lloro por las noches, he buscado cómo, donde, de qué manera podría irme abandonar la partida, morir en silencio, pero de alguna forma vuelvo aquí, al lugar donde escribo mis llantos, dónde no hay quien me diga que las cosas van a mejorar, que el dolor es temporal, y que me construya con los pedazos, nuevamente. Necesito el perdón por mi ingratitud, por todas esas veces que le he rogado a los dioses ni una mañana más para ésta torpe persona, que llora todos los días porque no ha Sido capaz de curarse la descosida piel, sé que me duele, pero no tengo la receta para anesteciar cada lágrima, no conozco la manera de sentirme mejor, de volver a empezar. Necesito pedir disculpas, por cargar mis piedras en sus espaldas, por no poder soltar lo que no nos hace bien a ninguno de los que me acompañan, por no poder dejar de suplicar, por favor, no quiero ningún día más.
miércoles, 3 de abril de 2019
No quiero despertar mañana, el futuro me parece desesperanzador, no me esperan los grandes éxitos que mi madre me vió conseguir cuando era pequeña, y las cosas siempre me van a doler tanto, aunque sean insignificantes, y mi mente está agotada, el sufrimiento me llena el pecho a diario, y no consigo mantenerme estable, soy un incordio, estoy apestada, mi mente vacía, sin sentido, sin ganas, no tengo ganas de seguir, no quiero despertar mañana, y descubrir que todo sigue exactamente igual. Yo voy a seguir exactamente igual, y doy flojera, lamento mucho que las personas que me ven tengan que soportar a alguien así, que solo llora, y se queja, y que ya no quiere seguir existiendo por cosas tan insignificantes, no quiero despertar mañana. Estoy cansada de la vida.
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Hubiera.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...