domingo, 21 de abril de 2019

De pronto ya no tenía sentido decirlo, sentir y gritarlo, llorar, expresarlo, de pronto ya no parecía importante, ya no era necesario sacarlo, la resignación me llenó cada poro, se sentía esparcida por mi sangre, en mis extremidades, y dejé de decirlo, lo sentía pero no había diferencia ahora, ya no necesitaba miradas, ya estaba por toda la habitación, acechando desde la esquina, susurrando en mi oído las cosas que me hacían cavar hacia abajo, lo que me mantendría siempre en el fondo, en un fondo más profundo cada día, ya no tenía ganas ni siquiera de decirlo en voz baja, de que mi cuerpo lo expresara. Me di cuenta entonces, que estaba más cerca del fin, y tengo miedo, aunque veo como se va atenuando...

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