martes, 24 de abril de 2018

Quemando mis húmedas pestañas

Hace tiempo... que no encuentro tus pasos, en ninguna habitación, a ninguna hora. Permanezco en silencio cada noche, pero no, no escucho tu llegada , y no la oigo porque nunca llegas, me quedo en silencio en espera, pero no, porque ya no hay más ruido de tu presencia por ningún rincón, donde el polvo se acumula, donde envejezco sin que aparezcas, dónde espero sabiendo que abrazo la ausencia, dónde encuentro en cada madrugada recuerdos que se incendian, en mí, en mi mente, quemándome las manos, y el pecho, y las húmedas pestañas. Hace tiempo... que no encuentro tus abrazos en la entrada cada final de un día largo, ni en la cama al despertar, y no los encuentro porque nunca llegas, porque están extintos, sepultados en algún lugar en el mundo, en algún lugar que no conozco, al que yo no puedo ir. Y aunque te busco entre las sabanas, no apareces, ni en el jardín que ahora está marchito, como yo, porque lo único que aparece ahora es la sequía, en el jardín y en mi corazón, y lo único que encuentro ahora es el vacío de mis ojos en el reflejo de la lluvia, el vacío en el lado de la cama donde solías dormir, ese que ya no toco, ese que está deshecho desde la ultima vez que inundaste de ti la habitación, ese que observo desde un sofá, desde un rincón, a luz de velas, con las pestañas quemadas de llanto, abrazando lo único en lo que encuentro algo de ti, tu aroma, que un día tampoco podré encontrar.

jueves, 5 de abril de 2018

En mis ojos ya no llueve, pero relámpagos retumban en mi pecho, contra el corazón que late forzado porque camino sin saber a dónde voy, y suena en mis manos la ausencia de calidez, como el viento en un  invierno eterno donde el sol ya no reside desde hace mucho tiempo, dónde a veces me pregunto si volverá por lo menos una mañana o un instante tal vez, pero no, no llega, como la calma que también ya hace tiempo que se fue, pero en mis ojos es seguro que ya no llueve, la sequía alcanzó tambien las mejillas que alguna vez inundé, pero espero que el sol vuelva, encerrada en un reloj de cristal, viendo los granos caer al revés, viendo el tiempo pasar hacia atrás, confundida, abrazando mis costillas rotas, juntando los pedazos de mi piel, como un rompecabezas, uniendo partes que ya no envonan porque alguien se las ha llevado otra vez, limpiando el desastre del huracán que me ha dejado al revés, tratando de reconocer el reflejo en el cristal de esa persona que se supone lleva consigo mis ojos donde ya no llueve, dónde se supone ya no llueve, esa persona que en el reflejo, miente, porque llueve en ellos, en mis ojos llueve, cada noche, cada vez que las luces se van.

Hubiera.

 Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...