Es abrumador, cansado y frio.
Es como si llevara el mar, furioso, dentro de mi.
Ya no quiero. Ya no puedo.
Pensar en ti, es como meter mi corazón a una trituradora, ver a los ojos al mismo tiempo a todos los quizás que existieron alguna vez en este mundo, es darle paso a todos los fantasmas de mi infancia y a las lágrimas que nunca te dediqué, y no es que no entienda que la vida ha sido sin ti desde hace tanto, tampoco es que no pueda seguir la vida sin ti, me cuesta tanto porque no quiero que vengan todos los hubiera a clavarme sus espadas, y que los sueños sobre nuestra vida juntos terminen de morir, y aunque sé que agonizan, y sé que aunque no te piense todo se quema dentro de mi, evito darme cuenta de que exististe en un tiempo tan lejano que parece que nunca viví, para que no me alcancen nuestros recuerdos, ni los deseos que tuve alguna vez respecto a ti, pensar en ti es darme cuenta de a poco que lo que me ha mantenido en el borde fue lo mismo que tu dejaste por ahí, lo mismo que yo no suelto porque le temo a la caída, y al hecho de que me quedé esperando algo que definitivamente nunca llegará, pensar en ti es doloroso, es la nostalgia de una infancia que perdí, por eso oculte dentro de mi, cada indicio, cada pista de que alguna vez exististe en mi, pensar en ti me duele, me recuerda que tengo que dejarte ir, y no sabes cómo lucho por no aferrarme a mantenerte aquí, se me han destrozado las manos intentando sujetar tu sombra para mantenerte aquí, pensar en ti es lo mas doloroso.
Y no lo entiendo. Tan fácil lo dejaste ir.
¿Por qué será que te vas?
¿Por qué atravesaste la puerta aquella noche? Ni siquiera puedo recordar en que momento fue que dejaste de estar, no recuerdo los motivos, mucho menos recuerdo el sentimiento que me dejó saber que ya no volverías, no logro recordar si yo ya lo sabia, si lo suponía, o si me lo imaginé en algún momento.
Pero hoy después de todo, estoy intentando entender porque no te quedas, porque te vas, porque te fuiste, porque no me dijiste que lo harías, y porque jamás volviste, pasó mas tiempo del que quizás debía, pero hoy al fin estoy tratando de entender porque el tiempo avanza y avanzó hasta hoy, porque siguió la vida y tú, como un viajero sin hogar, te desprendiste de todo lo que yo no puedo dejar atrás, y que creo que jamás podré dejar.
Hoy veo todo como un sueño lejano, uno que parece que nunca sucedió, que no pudo ser real, que durante todo este tiempo dejé en silencio guardado en un cajón, porque dolía escuchar todo ese ruido que solía hacer, porque dolía darme cuenta que existió, y que aún así fuiste capaz de meterlo en bolsas y abandonarlo a la orilla del camino, tu seguiste, pero yo no del todo, yo me quedé a la mitad, observando tus bolsas perdidas, cargando las mías, que nunca podre abandonar, y hoy después de tanto, supe que debía comenzar a abrir las puertas, a dejar que el ruido me recuerde que perdí mas de lo que podía darme cuenta, que perdí más de lo que imaginé, y que siempre estuve postergando. Sé que no te quedas, ni te quedarás nunca, y que todo fue, y que yo fui, que los dos fuimos, y nunca volveremos a ser, que a pesar de todo el tiempo que ha pasado, todavía estoy intentando entender porque no te quedaste, o porque, al menos, no volviste a mirar nunca hacia atrás, nunca hacia mi.
¿Algún día seré capaz de despedirme de ti?
No se como explicar porque me duele, pero sé que lo hace, y aunque tampoco lo entiendo, sé que esta inundando mi cabeza estos últimos días, y aunque no quisiera siempre regreso aquí, al mismo lugar en donde pesa y duele y lo recuerdo todo.
Últimamente no encuentro las palabras, es como si se escondieran de mi, no encuentro la forma correcta de acomodarlas, e incluso ni siquiera sé cuales debo usar, pero sé que pesa, y que me encuentro sosteniendo mis bordes cada vez que el mundo esta quieto, o que yo estoy quieta, cuando la música se detiene, e incluso cuando el volumen es demasiado alto, no importa, a veces aunque que todo vaya muy rápido, o que yo sea la que va demasiado rápido, me encuentro tratando de entender porque las cosas resultan siempre de la misma manera, conmigo en el borde intentando entender que fue lo que pasó, jamás tendré las respuestas, y eso es lo peor de todo.
Sé que quizás no entiendas porque duele tanto y de este modo, y es que yo tampoco lo puedo comprender, si desde hace tanto te habías ido, y aunque esta vez es para siempre, creo que justo ahora me duelen las dos.
Que te fuiste hace tanto tiempo, y justo ahora lo hiciste para jamas volver.
Estuve en el restaurante del hotel, y mientras sonaba una canción que solías escuchar, la tristeza inundó el lugar, te recordé desde los ojos infantiles que un día te miraron durante tantos años, hermano, te recordé, lejos en algún lugar tu perdias los recuerdos que vinieron a mi esa noche, y al día siguiente eso sería lo único que me quedaría de ti. Se repiten los recuerdos en mi cabeza, sin aviso, me bombardean el corazón, y sé que ya no tengo 5 años, y sé que ese tiempo se marchó, justo como tú, lejos en algún lugar te fuiste. Te seguiré recordando a través de los ojos de una niña que te quiso tanto, y que te perdió hace mucho tiempo, y que te perdió una tarde después de recordarte, hermano, pero está vez para siempre.
Comencé a pensar en eso, ¿Que pasa por tu mente un segundo antes de irte?, ¿A caso sabes que es tu último segundo? ¿Que se siente tener solo un segundo más en este mundo? Pensé en lo lento que parece que avanza el tiempo cuando te quedas mirando a qué el reloj cambie el número de segundos que han pasado, o cuando soportas el peso de tu cuerpo en el gimnasio, pero un segundo antes de irte ¿Piensas que ojalá ese segundo durara unos años más? Que el reloj se descompusiera para no avanzar, o simplemente que ese segundo no fuera el último que te quedara. ¿Quién fue el último en quien pensaste, y que fue lo último que pensaste de esa persona, querías decirle algo más, o no querías decir adiós?
Hay quienes dicen que la soledad es buena para todos, pero comencé a pensar en lo aterrador que se vuelve ese último segundo antes de irte, sin poder decir nada más, sin poder comprender que ya te irás, sin poder decirle a nadie como se siente irse, un segundo antes de irte, te quedas solo en ti, a solas en ti, triste en ti, atrapado en ti, y yo no sé en quien pensaré un segundo antes de irme, o si la soledad será desgarradora, no sé si un segundo durará uná eternidad o si sera tan fugaz, tanto que no seré capaz de darme cuenta que ese segundo estuve completamente sola dentro de mi.
No alcanzan, ni mis brazos, ni mis palabras; no llegan. No alcanza ni mi altura, ni el peso de mis sentimientos, no llegan, ni mi llanto, ni mi risa, ni mis temores, no alcanzan, no llegan mis deseos, los sueños, las ganas, no alcanzan, ni mi sangre, ni mis latidos, tampoco mi tiempo, o el esfuerzo, nada llega, nada alcanza, y nada pesa, ni mis acciones, tampoco mis dias, o mis noches. No llegan, no alcanzan, mis llamadas, mis mensajes, ni mis silencios. No llegan, ni alcanzan, no llego, ni alcanzo.
¿Porqué nunca he sido suficiente?
Me encontré todas las heridas sangrantes cuando daba una larga caminata en mi propia piel, se sentía como un mar de sangre interminable, como si el corazón bombeara sin parar, como si no existiera el fin, no sabía donde empezaba ni donde terminaba aunque diera mil pasos hacia el frente, aunque volviera por donde llegué, y mientras recorría mi vida con los pies descalsos muchas veces sentía que morí, muchas otras dejé de sentir, y seguia sin entender el porqué de absolutamente nada, y caminé por tanto tiempo sobre las grietas, que memoricé cada sentimiento que las inundaba, me di cuenta al mismo tiempo que el rostro que pude ver sobre el reflejo ya no era el mismo, nunca más, y hasta ahora no he logrado saber si es algo de lo que deberé estar feliz algún día, abracé a la soledad, porque en ella podía entender cada centimetro desgarrado de la piel, en la compañía nunca encontré la calidez de unos ojos amables, que no se pusieran el disfráz de juez.
Las palabras arremolinadas en mi cabeza estallan como fuegos artificiales, dejando el cielo lleno de fuego, y no entiendo de donde han venido, quien les dejó entrar, o quien las puso dentro de mi cabeza, y aunque estallan reaparecen como fénix, mueren dejando caos en mi desafortunada existencia, y renacen de las cenizas de la calma que ha perecido, es como pelear con algo que no comprendo, que no tiene pies ni cabeza, se parecen al monstruo debajo de la cama, ese que nadie puede ver excepto yo, es solitaria la forma en la que debo enfrentar las sombras, porque solo yo puedo sentir que permanecen, a veces furiosas, a veces quietas, a veces silenciosas, pero siempre dentro de mi. Pareciera que nunca sabré donde comienza y donde termina este gran pozo que existe en mi, y que seguiré perdiéndome como en una ciudad desconocida, aunque me sepa de memoria cuales son las calles donde sangro más, he conocido gente con los mismos ojos que yo, con diferentes rasgaduras en el cuerpo, paseando por debajo del cielo en llamas, y no sé si ellos se preguntan las mismas cosas que yo, y no sé si algún día se detiene, si algún día la que venza soy yo, pero a veces lo único que me abandona son las ganas, como si alguien hubiese dejado la ventana abierta pero no lo suficiente para dejar a los monstruos salir.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...