Me encontré todas las heridas sangrantes cuando daba una larga caminata en mi propia piel, se sentía como un mar de sangre interminable, como si el corazón bombeara sin parar, como si no existiera el fin, no sabía donde empezaba ni donde terminaba aunque diera mil pasos hacia el frente, aunque volviera por donde llegué, y mientras recorría mi vida con los pies descalsos muchas veces sentía que morí, muchas otras dejé de sentir, y seguia sin entender el porqué de absolutamente nada, y caminé por tanto tiempo sobre las grietas, que memoricé cada sentimiento que las inundaba, me di cuenta al mismo tiempo que el rostro que pude ver sobre el reflejo ya no era el mismo, nunca más, y hasta ahora no he logrado saber si es algo de lo que deberé estar feliz algún día, abracé a la soledad, porque en ella podía entender cada centimetro desgarrado de la piel, en la compañía nunca encontré la calidez de unos ojos amables, que no se pusieran el disfráz de juez.
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