viernes, 27 de septiembre de 2019
Se quemaron mis cuerdas vocales, ya no puedo emitir sonido alguno, aunque supliques por una respuesta gritada al viento, no podré ni siquiera abrir la boca, tengo los labios sellados, pegamento sabor a pasado me los cerró, y como un gato que juega con una bola de hilo, cada pensamiento en mi cabeza se enredó, ya no hay manera, no conozco donde inicia el desastre, no logro encontrar el principio de la enmarañada forma que tienen las palabras, escurridizas, se esconden debajo de cada escalón en mi mente. Quiero encontrarlas, quiero que sepas, ¿Cómo?.
🕷️
Azul era tu piel, y los latidos apacibles de tu corazón formaban la melodía más bonita que podía escuchar hasta que amaneciera. Azul era tu piel, como el color de la sangre que jamás tuve, y mi voz venció el estruendo de la música a nuestro alrededor, y tú sonrisa rompió cada una de las espinas clavadas en mi pecho, azul era tu piel, azul como el color de la paz que tus ojos me daban, y perdí la cuenta de las constelaciones marcadas en ella. Mientras tus ojos se cerraron para besarme me pregunté: "¿Cuánto tiempo tendré para contar cada estrella, antes de que desaparezca el universo?" Tomaré cada segundo, porque azul era tu piel cuando dijiste que me amabas.
A pedazos, en silencio, a puntadas, entre gritos, a veces frío, casi siempre, a veces calma, casi nunca, esperanzado, con la columna rota, lágrimas ácidas, pupilas llenas de oscuridad, cegado, entre la ceniza. Voy a recostarme entre las piezas, aunque la niebla intente perderme, aunque las llamas abracen mi agrietada piel, y si mi voz se ha consumido; gritaré con mis manos, mientras te cuento las cicatrices, mientras sacudo el polvo que tus huesos acumularon, mientras derrito la cera de mil velas; para ahullentar la oscuridad, gritaré con el toque de mis labios agrietados, mientras bebo la incertidumbre, las dudas e inseguridad, gritaré entre las sábanas blancas de tu vida, con mis ojos al mirarte, gritaré aunque el ruido sea más fuerte que la voz quemada en mi garganta, porque sé, que aunque no emitan, mis cuerdas vocales, ninguna clase de sonido, sé, que escucharás. Lo entenderás.
Y al final, cortaste mis cuerdas vocales, y ya no emito ningún sonido, contagiaste de frío cada uno de mis huesos y enfermé de miedo, de inseguridad, sin darme cuenta ya tenía heridas tan profundas que sangraban sin detenerse, es que también quemaste mis pestañas, con el llanto que derramé más de una vez, y ahora vivo mirando mi reflejo pensando en todos los defectos que hay en mi, en cada cosa que pudiera decir sonando estúpida, así que miro hacia abajo, cubro mi cara, tomo el hilo y coso mis labios para que no puedan abrirse más.
Quería soltar, pero el miedo se me pegó a las costillas y no supe que hacer, se me enredó en los pulmones y no pude responder, quería decir "por favor, para" pero nada salió de mi garganta, y la inseguridad se me abrazó a las muñecas y mis dedos cayeron, todos juntos de una vez, quería estirarlos hasta tocarle, pero ya no había manera de hacerlo, "¿qué haré?" Pensé, mientras su silueta se borraba.
Desde la calma observo el incendio que se ha producido afuera, conozco el ardor de ese fuego que abraza cada cosa hasta dejarla hecha nada, la conozco, pero ahora observo desde la momentánea calma que viene antes de que el cielo caiga hecho cenizas, antes de que a la luna le crezcan colmillos y garras, antes de que descubra que mi columna en realidad está hecha de aire, y de que el fuego toque a mi puerta, esa que nunca puedo cerrar, antes de que me dé cuenta aparecerá abrazando cada mueble, hasta llegar a mis piernas, donde se enrollará hasta convertirlas en polvo, y de nuevo seré ceniza, y ese pesar tan familiar perfumará lo que quede de mis ojos, lo que quede de mí, de nuevo.
Astronauta
De alguna manera te busco, en cada pétalo amarillo, en cada grano de arena, entre las gotas del océano, entre mis lágrimas, de alguna manera te encuentro en el sonido de las alas de esas gaviotas que vuelan cerca del suelo, en el viento fuerte sobre la playa, en una caminata bajo el sol, de alguna manera siempre te veo, entre mis sueños o en mis recuerdos sin sonido, sin el sonido de tu voz, pero ya no te encuentro en la calle, ni en las canciones de navidad, mucho menos dejando tu aroma en casa... por las mañanas, y te pierdo cada vez que pienso que te encuentro, ya no te encuentro en los abrazos de la gente, ni en casa de la abuela, tampoco te encuentro entre mis letras, ni en tus bromas torpes, esas que por casualidad, en algún lugar, alguien también repite, ya no te encuentro en el dolor, de cada madrugada oscura, ni en la música que escuchabas conmigo, ni en mis recuerdos, te perdí, cada vez que creí que te encontraba, no, mentira, me dijiste adiós, en una señal, desde lejos, ahí te perdí, y ni siquiera lo sabía, de haberlo sabido, no estaría aquí escribiendo esto, que nunca podrás leer.
Un día la depresión tocó a mi puerta, y sin darme cuenta quité el seguro y la dejé pasar, me abrazó la piel dejándome helada y el silencio acaricio mis oídos, se sentía como si nada pudiera romper el hielo que cubría mi pecho, un vacío que no podía llenarse con nada. Así pasaron los días y amanecía pegada a mi espalda, me besaba el cuello y mis ojos se secaban de tanto llorar, me quedaba callada casi todo el tiempo, tanto que olvidaba el sonido de mi propia voz, el deseo de desaparecer venía a mi almohada cada madrugada de insomnio, y por las tardes las horas de invierno se calmaban durmiendo a pesar de no tener más ganas de dormir, no le dije a casi nadie, porque ella me dijo que a nadie le importaba, que era cosa mía, que se iban a cansar de mi, entonces sonreí por meses, a todos los que me observaban, y a veces crei que el dolor y la tristeza se habían marchado por la ventana, pero después de varios días supe que no, que las cosas no eran tan sencillas, que algo así no se iría, así, al siguiente día, a la semana siguiente, pasó entonces un año, y la anestesia me recorría todo el tiempo, el torrente sanguíneo, y me consumía cada sonrisa, se me volvió un reflejo, hubo entonces un día en que ya no pude recordar porqué, como es que todo comenzó, pero cualquier cosa, por insignificante que fuera, se convertía en algo bastante doloroso, y me cansé, así que comencé a alejarme, algunos creyeron que estaba molesta, que había cambiado, pero no, la depresión me besaba los labios agrietados, y enredaba el cabello que ya no solía peinar, rompía cualquier pedazo de esperanza de estar mejor, cada vez que aparecía en la habitación, los recuerdos me rompían la mente, y el ruido en mi cabeza aumentaba el volumen, hasta que ya no podía escuchar nada coherente. Después de tanto tiempo viviendo de ese modo, mis pensamientos giraban en torno a irme, y el poco valor que tenía. La miré a los ojos por días. Quizás meses. Ni siquiera sé que esperaba, ¿Que se fuera?, No se iría, no sin mí.
Las luces se apagaron, se apagaron ya hace muchas horas, y el agua me llega ahora hasta la garganta, y mis piernas ya se cansaron de mantenerme a flote, me encuentro en medio del escenario y en las sillas no hay espectadores que presencien el final de esta trágica obra, ya no queda oxígeno, parece que a mis pulmones se ha metido una galaxia entera, sin planetas ni estrellas, llena de oscuridad, y silencio, hay silencio, nadie aplaudió al final de las últimas líneas de mi discurso, del último diálogo que el guionista escribió, y el agua cubre ahora mis labios, y es azul, tan azul que me trae la paz, esa que viene antes del final, pronto se llenarán mis fosas nasales, y después mi corazón se apagará, podré dejar las cadenas atadas en mis tobillos y en mis muñecas, y flotaré hacia las lámparas sujetadas del techo, y haré un hueco en el techo, y flotaré hacia afuera de este teatro, lejos de la multitud de fantasmas, lejos de aquí.
He intentado, pero la asfixiante ola de sal no me permite inhalar el oxígeno, y la presión sobre mis muñecas quema, no se detiene el zumbido estridente en mi almohada, y tus manos se han vuelto solo huesos, fríos, tristes, pero intenté, metiendo el miedo en cada grieta que encontré en la pared, pero los fantasmas se empeñan en sacarlo cada noche en que la luna no me cuenta lo que le has dicho sobre mi, sé qué cuando despierte el sol no se habrá llevado nada, ni mis grietas, ni tu ausencia, mucho menos el sentimiento de estar buscando algo que nunca encuentro, no lo encuentro, ni siquiera se si acaso existe, porque lo he intentado tanto, pero no he conseguido nada.
🕷️
Al caer los botones, descubrí una araña viviendo en su pecho, y las telarañas se pegaron a las yemas de mis dedos, descubrí que el frío le había congelado las manos, pero en mis clavículas ni se sentía, el frío del invierno atravesó mi piel, pero la verdad es que ya ni eso importaba, había una cierta calidez en los nudos de mi cabello y en las pestañas que se cerraban, su piel azul todavía respondía, sin respirar, aún así yo la sentía, descubrí después doscientas arañas enredándose en mis piernas, caminando y dejando rastro de su paso por mis poros, las descubrí mordiendo mis tobillos, pero no había manera de que el veneno me venciera, no podía caer, el cielo me sostenía fuerte, tan fuerte que ni siquiera necesitaba pedirlo.
🕷️
Me daba miedo la agonía, el vacío de despertar y no encontrarte, de necesitarte y no tenerte, de amarte y quedarme con ello en silencio, comenzaba a temerle a tu partida no escrita en el guión, al abandono de tu silueta en mi puerta, a la acera sin tus pasos, a las canciones lentas sin tu cuerpo, a llorar sin tus abrazos. Comencé a temerle al silencio, a mi celular sin tus llamadas, a las noches sin tu aroma, a los días sin tu risa.
Le tenía miedo a muchas cosas, pero más al hecho de amarte sin tenerte. Un día me miraste, con el amor que nadie había podido darme, y el miedo se fue, no había lugar para nada más que lo que yo sentía al ritmo de lo que tú sentías por mi.
Le tenía miedo a muchas cosas, pero más al hecho de amarte sin tenerte. Un día me miraste, con el amor que nadie había podido darme, y el miedo se fue, no había lugar para nada más que lo que yo sentía al ritmo de lo que tú sentías por mi.
🕷️
Llenaste de primavera mi corazón, aunque pensé que ya era tierra infértil, ahora llevo pétalos en vez de pestañas, y mariposas acariciando mis entrañas, transformaste el diluvio que llenaba mis ojos, en el azul más claro y brillante que nunca contemplé, me hiciste magia, me hiciste paz, me hiciste la primavera más cálida. Y yo no sé decirte nada más que "gracias". Siempre gracias.
Caí en lo profundo, se me llenaron los pulmones de asfixia, de tormenta, de intranquilidad, y no supe cómo drenar el fango que llenó mis pupilas, se me arrancaron las cuerdas vocales, se desconectó el cable que unía mi mente a mis abrazos, y más de una vez quise correr hacia ningún lugar, pero ningún lugar me traía de regreso aquí, como en círculos en medio de bosque lleno de neblina, me perdí a mí y raspé mis muñecas hasta dejarlas rotas. Quise pedir que me salvaras, pero mis palabras se quedaron mudas mucho antes de salir.
He cerrado las ventanas, y cubierto con cortinas el paisaje del exterior, al interior se ha quedado la tenue luz de 2 velas, y de las brasas de la chimenea que he apagado minutos atrás, las puertas no llevan seguro, y me he sentado frente a la principal, mi piel viva no lleva tela, y el silencio se acumula en mis párpados pero ya no tiene el mismo peso que ayer, retumban en la habitación los sonidos del engrane de un viejo reloj, que aún funciona y me avisa cuando he pasado un minuto más frente a la puerta abierta de par en par, ya guardé las lágrimas en los cajones y puse el miedo en una caja de cartón que arrojé por la ventana. Entonces solo espero, tras la puerta medio abierta, espero a que el invierno ya no marque mi piel, que las raspaduras sanen, que las grietas se cubran, que las risas me llenen el estómago, y la garganta escupa las cuchillas. Estoy esperando. Pero ya limpié la habitación. Es segura ahora.
Sí, yo te recuerdo así cariño, con la mirada ahogada de tristeza, llena de sorpresa, y bromas llenando tu boca, te recuerdo con aromas agradables, con abrazos reconfortantes, con historias de aliens esperándote detrás de una puerta en algún lugar del mar, te recuerdo con pinturas sobre la piel, con sueños rondándote en la cabeza, cantando canciones que nunca nadie canta, sonriéndome aunque tu mundo estuviese roto, sí cariño, yo te recuerdo así, no te recuerdo bajo el cristal donde te vi por última vez, no te recuerdo con la piel pálida, ni con los ojos cerrados por siempre, no te recuerdo destruido, ni dentro de un cajón café, no cariño, no te recordaré nunca roto, ni sin vida, te recordaré por siempre mirando sonriendo al mar.
Las heridas abiertas en mis costillas sangraban, llevaba una tormenta bajo las pupilas. Las noches se caían sobre mi espalda, aplastando con toneladas de oscuridad mi corazón, y no había ventanas sobre las paredes donde el aire pudiera entrar para acariciarme las mejillas, me asfixiaba la falta de compañía bajo éste techo de hielo, no había manera de escapar, no había lugar para mí en el exterior, donde los campos de flores no marchitan, donde la lluvia no derrite la piel, donde poder caerme a pedazos sabiendo que voy a poder volverme a armar.
Se quebraba, el mundo se rompía de a poco, había pedazos callendo del cielo, habían otros saliendo del piso, y yo, descalza, con la piel desnuda, caminé buscando una casa, un hogar donde refugiarme, lo suficientemente fuerte para soportar las cuchillas de la gente extraña que habitaba en los alrededores, pero el paisaje era un desierto, no había casas, ni edificios, ni construcciones, por eso había dejado un rastro de la sangre que he perdido, mis venas están quedando vacías, porque mi corazón no puede recuperar lo perdido de una forma tan rápida, no puede seguir el paso de la acelerada forma en que otros me lastiman la piel con su filo, pero de alguna forma sigo, y camino buscando un refugio, para recostarme sobre un suelo cálido, sobre unas sábanas cálidas, donde alguien cierre la puerta con doscientos seguros, para recuperarme, para sanar.
A la depresión
Ella me arrebató todo lo que tenía, y la culpo a ella porque necesito que alguien tenga la culpa de mi mala fortuna, de los años que me fueron robados, de los que tiré a la basura porque me quedé mirándola a los ojos, lo suficiente para regalarle ese tiempo que no volverá, que no volveré a tener, me arrebató también oportunidades, y momentos que no tendré jamás, me arrebató alegrías, le regalé pedazos de mi corazón, le entregué algunas gotas de mi sangre, y lágrimas, hasta el cansancio, y seguí, sin detenerme, hasta que comenzó a manchar más que mi vida, manchando otras vidas, llenandolas de ella, y me culpo a mi, me culpo a mi por no haberla detenido antes.
Esa melancólica melodía me recordaba a ti, a la lamentable forma en que me hiciste herida, a las mañanas de soledad donde parecía tormenta aún cuando afuera el sol cruel quemaba las pieles, me recuerda al nuevo principio, las despedidas vacías y frías, a mi corazón que llevaba atorado el tiempo, que no avanzaba, que se congeló, que se detuvo sin aviso previo. Esa melodía me recuerda a mi, entendiendo que no era amor. Que debía parar.
A veces siento que me muero, que me recorre el frio del vacío, que me pierdo en las calles del infierno, de las caminatas sin destino. Y recuerdo tu cara en mi puerta, llamando con la mirada llena de angustia, de olvido, de pérdida, y aunque sabes que aquí no hay cura, que la vida seguirá igual de rota, que nadie abrirá a la puerta que tocas, que golpeas, sigues pidiendo que vuelva la mirada por la mirilla, para echar un vistazo hacia el paisaje que ofreces, no iré hacía ningún lado, las llamas ya no arden como antes, la muerte ya no me besa como antes, y aunque me pida que le siga no escucho. Pero en noches cómo esta siento que la vida pesa más que aceptar el toque de la muerte.
Voy jugando por ahí a ser visible a fingir que toco, a intentar olvidar las heridas, voy por allá fingiendo que puedo, que sostengo las toneladas que cargo desde hace muchos años, y finjo que ya no me conozco, finjo que ya no llevo las mismas manchas, que ya no hay ni siquiera cicatrices, pero de pronto caigo en cuenta de que mi pasado, yo, venía detrás de mí, y esta noche me alcancé y toqué todo, y todo se manchó de gris, de lluvia.
Astronauta
Me dijeron que te habías ido, y mi mente fué a buscarte cada noche, sin suerte viví un tiempo creyendo que un día tú volverías, pero tus marcas en el cuello me arrancaron los últimos destellos de esperanza que tenía, de verte sin los ojos cerrados, verte y que tú me vieras, de hablarte sabiendo que me escuchabas, y hubo días en que me creí perdida, y existieron otros en que te ví en el rostro de personas desconocidas, y aunque esperara verte recorriendo las calles en las que te recordaba, muchas veces caí en cuenta de que no aparecerías porque te habías ido realmente, decidiendo colgar los últimos suspiros por la noche, deteniendo el flujo del dolor que paseaba bombeado por tus venas, y sin querer sepultaste en mi corazón un trocito del dolor que tú cargabas, por eso, aquella noche que me dijeron que te hablas ido, empaqué la estabilidad en las maletas, y el miedo me llenó hasta las pestañas, sabía ahora que sí tú te habías ido, entonces alguien más me dejaría.
Me dijeron que te habías ido, y no les creí, ni al verte tras el cristal helado, no te reconocí sin la risa que cargabas en tus labios, no te reconocí sin el sonido de tu voz que deseo poder recordar, no te reconocí, pero quería no reconocerte.
Y la verdad es que te perdí, ahora el mar nunca verá tu cara, y yo tampoco.
Me dijeron que te habías ido, y no les creí, ni al verte tras el cristal helado, no te reconocí sin la risa que cargabas en tus labios, no te reconocí sin el sonido de tu voz que deseo poder recordar, no te reconocí, pero quería no reconocerte.
Y la verdad es que te perdí, ahora el mar nunca verá tu cara, y yo tampoco.
Ya no hay fantasmas a las 3 de la mañana, se fueron contigo porque ya no estás para protegerme, y ya no hay duetos de canciones que has escuchado a diario, tampoco escucho tus pasos a las 5 de la mañana, ni debo pelear contigo para conseguir que me dejes dormir, ya no escucho tu teclado a media noche, ni tus historias de terror por la tarde, ya no estás para abrazarme mientras lloro porque alguien me ha conseguido herir otra vez, tampoco puedo reír contigo, tampoco podemos pasar las tardes jugando a cualquier cosa, y al parecer viví tantos años esperando verte volver, pero nunca volverás, aunque a veces parezca que sí, aunque prometas venidas cada año, sigues sin tocar la puerta en mi cumpleaños, sin contestar las llamadas en el tuyo, y tú vas por ahí viviendo sin necesitarme, olvidandome, pero yo voy por la vida esperando, recordándote, voy viendo lo que yo jamás tendré, repitiendo que ojalá fuera, que ojalá pudiera, que ojalá estuvieras, pero no, a penas me voy dando cuenta.
Muerte
Acaricié sus mejillas, por la tarde, antes del anochecer, mientras entendía que su amor por mí no le permitiría dejarme, aun después de todo, aún después de tanto, así que le acepté, le abracé para que lo supiera, entonces de nuevo me llenó el corazón, y la mente, pero ya no era caos, un día me iré a su lado.
jueves, 26 de septiembre de 2019
A veces quiero guardar mi corazón, meterlo en una caja y sepultarlo debajo de cientos de toneladas de tierra, a veces quiero que mi piel se vuelva azul, que ya no corran los miedos por mis venas, que ya no me envuelvan de tristeza las lágrimas, a veces quiero limpiar mi piel pero las manchas no se diluyen, me siguen cortando las piernas, a veces quiero detener el sangrado, o dejarla fluir hasta morir.
Me encontraba en la inmensidad de la ciudad, con el corazón frío y la carita húmeda gracias al cielo, tomando bocanadas grandes de oxígeno, me envolví de la amargura que traía consigo la compañía de la soledad, entre los charcos y el fango mis pies no encontraban calidez por más cercana que estuviese mi casa, pero había un cierto grado de empatía en el mundo reducido a unas calles, esa noche, porque conmigo lloraban las paredes de las casas, donde probablemente habría gente feliz, o gente triste como yo, viviendo sus vidas ignorando mi paso por el mundo, y eso de alguna forma me obsequiaba una visión más diminuta de mi existencia, regalandome al mismo tiempo que mi dolor encogiera su tamaño un poco. Qué suerte la mía de encontrarme con esta noche tan fría y sola, qué suerte la mía que el mundo me entendiera. Que estuviese igual que yo; triste y sola.
martes, 17 de septiembre de 2019
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Hubiera.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...