Me daba miedo la agonía, el vacío de despertar y no encontrarte, de necesitarte y no tenerte, de amarte y quedarme con ello en silencio, comenzaba a temerle a tu partida no escrita en el guión, al abandono de tu silueta en mi puerta, a la acera sin tus pasos, a las canciones lentas sin tu cuerpo, a llorar sin tus abrazos. Comencé a temerle al silencio, a mi celular sin tus llamadas, a las noches sin tu aroma, a los días sin tu risa.
Le tenía miedo a muchas cosas, pero más al hecho de amarte sin tenerte. Un día me miraste, con el amor que nadie había podido darme, y el miedo se fue, no había lugar para nada más que lo que yo sentía al ritmo de lo que tú sentías por mi.
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