viernes, 27 de septiembre de 2019
Se quebraba, el mundo se rompía de a poco, había pedazos callendo del cielo, habían otros saliendo del piso, y yo, descalza, con la piel desnuda, caminé buscando una casa, un hogar donde refugiarme, lo suficientemente fuerte para soportar las cuchillas de la gente extraña que habitaba en los alrededores, pero el paisaje era un desierto, no había casas, ni edificios, ni construcciones, por eso había dejado un rastro de la sangre que he perdido, mis venas están quedando vacías, porque mi corazón no puede recuperar lo perdido de una forma tan rápida, no puede seguir el paso de la acelerada forma en que otros me lastiman la piel con su filo, pero de alguna forma sigo, y camino buscando un refugio, para recostarme sobre un suelo cálido, sobre unas sábanas cálidas, donde alguien cierre la puerta con doscientos seguros, para recuperarme, para sanar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Hubiera.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...
No hay comentarios:
Publicar un comentario