viernes, 27 de septiembre de 2019
He cerrado las ventanas, y cubierto con cortinas el paisaje del exterior, al interior se ha quedado la tenue luz de 2 velas, y de las brasas de la chimenea que he apagado minutos atrás, las puertas no llevan seguro, y me he sentado frente a la principal, mi piel viva no lleva tela, y el silencio se acumula en mis párpados pero ya no tiene el mismo peso que ayer, retumban en la habitación los sonidos del engrane de un viejo reloj, que aún funciona y me avisa cuando he pasado un minuto más frente a la puerta abierta de par en par, ya guardé las lágrimas en los cajones y puse el miedo en una caja de cartón que arrojé por la ventana. Entonces solo espero, tras la puerta medio abierta, espero a que el invierno ya no marque mi piel, que las raspaduras sanen, que las grietas se cubran, que las risas me llenen el estómago, y la garganta escupa las cuchillas. Estoy esperando. Pero ya limpié la habitación. Es segura ahora.
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