viernes, 27 de septiembre de 2019

A pedazos, en silencio, a puntadas, entre gritos, a veces frío, casi siempre, a veces calma, casi nunca, esperanzado, con la columna rota, lágrimas ácidas, pupilas llenas de oscuridad, cegado, entre la ceniza. Voy a recostarme entre las piezas, aunque la niebla intente perderme, aunque las llamas abracen mi agrietada piel, y si mi voz se ha consumido; gritaré con mis manos, mientras te cuento las cicatrices, mientras sacudo el polvo que tus huesos acumularon, mientras derrito la cera de mil velas; para ahullentar la oscuridad, gritaré con el toque de mis labios agrietados, mientras bebo la incertidumbre, las dudas e inseguridad, gritaré entre las sábanas blancas de tu vida, con mis ojos al mirarte, gritaré aunque el ruido sea más fuerte que la voz quemada en mi garganta, porque sé, que aunque no emitan, mis cuerdas vocales, ninguna clase de sonido, sé, que escucharás. Lo entenderás.

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