viernes, 27 de septiembre de 2019
Las luces se apagaron, se apagaron ya hace muchas horas, y el agua me llega ahora hasta la garganta, y mis piernas ya se cansaron de mantenerme a flote, me encuentro en medio del escenario y en las sillas no hay espectadores que presencien el final de esta trágica obra, ya no queda oxígeno, parece que a mis pulmones se ha metido una galaxia entera, sin planetas ni estrellas, llena de oscuridad, y silencio, hay silencio, nadie aplaudió al final de las últimas líneas de mi discurso, del último diálogo que el guionista escribió, y el agua cubre ahora mis labios, y es azul, tan azul que me trae la paz, esa que viene antes del final, pronto se llenarán mis fosas nasales, y después mi corazón se apagará, podré dejar las cadenas atadas en mis tobillos y en mis muñecas, y flotaré hacia las lámparas sujetadas del techo, y haré un hueco en el techo, y flotaré hacia afuera de este teatro, lejos de la multitud de fantasmas, lejos de aquí.
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