viernes, 27 de septiembre de 2019

🕷️

Al caer los botones, descubrí una araña viviendo en su pecho, y las telarañas se pegaron a las yemas de mis dedos, descubrí que el frío le había congelado las manos, pero en mis clavículas ni se sentía, el frío del invierno atravesó mi piel, pero la verdad es que ya ni eso importaba, había una cierta calidez en los nudos de mi cabello y en las pestañas que se cerraban, su piel azul todavía respondía, sin respirar, aún así yo la sentía, descubrí después doscientas arañas enredándose en mis piernas, caminando y dejando rastro de su paso por mis poros, las descubrí mordiendo mis tobillos, pero no había manera de que el veneno me venciera, no podía caer, el cielo me sostenía fuerte, tan fuerte que ni siquiera necesitaba pedirlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hubiera.

 Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...