viernes, 27 de septiembre de 2019
Las heridas abiertas en mis costillas sangraban, llevaba una tormenta bajo las pupilas. Las noches se caían sobre mi espalda, aplastando con toneladas de oscuridad mi corazón, y no había ventanas sobre las paredes donde el aire pudiera entrar para acariciarme las mejillas, me asfixiaba la falta de compañía bajo éste techo de hielo, no había manera de escapar, no había lugar para mí en el exterior, donde los campos de flores no marchitan, donde la lluvia no derrite la piel, donde poder caerme a pedazos sabiendo que voy a poder volverme a armar.
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Hubiera.
Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...
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