viernes, 27 de septiembre de 2019

Un día la depresión tocó a mi puerta, y sin darme cuenta quité el seguro y la dejé pasar, me abrazó la piel dejándome helada y el silencio acaricio mis oídos, se sentía como si nada pudiera romper el hielo que cubría mi pecho, un vacío que no podía llenarse con nada. Así pasaron los días y amanecía pegada a mi espalda, me besaba el cuello y mis ojos se secaban de tanto llorar, me quedaba callada casi todo el tiempo, tanto que olvidaba el sonido de mi propia voz, el deseo de desaparecer venía a mi almohada cada madrugada de insomnio, y por las tardes las horas de invierno se calmaban durmiendo a pesar de no tener más ganas de dormir, no le dije a casi nadie, porque ella me dijo que a nadie le importaba, que era cosa mía, que se iban a cansar de mi, entonces sonreí por meses, a todos los que me observaban, y a veces crei que el dolor y la tristeza se habían marchado por la ventana, pero después de varios días supe que no, que las cosas no eran tan sencillas, que algo así no se iría, así, al siguiente día, a la semana siguiente, pasó entonces un año, y la anestesia me recorría todo el tiempo, el torrente sanguíneo, y me consumía cada sonrisa, se me volvió un reflejo, hubo entonces un día en que ya no pude recordar porqué, como es que todo comenzó, pero cualquier cosa, por insignificante que fuera, se convertía en algo bastante doloroso, y me cansé, así que comencé a alejarme, algunos creyeron que estaba molesta, que había cambiado, pero no, la depresión me besaba los labios agrietados, y enredaba el cabello que ya no solía peinar, rompía cualquier pedazo de esperanza de estar mejor, cada vez que aparecía en la habitación, los recuerdos me rompían la mente, y el ruido en mi cabeza aumentaba el volumen, hasta que ya no podía escuchar nada coherente. Después de tanto tiempo viviendo de ese modo, mis pensamientos giraban en torno a irme, y el poco valor que tenía. La miré a los ojos por días. Quizás meses. Ni siquiera sé que esperaba, ¿Que se fuera?, No se iría, no sin mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Hubiera.

 Mamá, no sé cómo comenzar a existir sin tu compañía, sin la tormenta, sin la abrumadora tempestad de intentar salvarte, escucho el ruido de...