martes, 4 de diciembre de 2018

Trenes

Mientras la lluvia abraza el fuego que existía en mi corazón; la melancolía se pasea victoriosa sobre el andén, me enreda en las escaleras de aquella vieja estación vacía de ti, recorre uno a uno los vagones de ese tren que ya no se detiene, que viaja sin rumbo alguno, y tira por las ventanillas con polvo acumulado los besos que faltaron por entregar, los que me fueron obsequiados aquella noche tormentosa, la observo convertirse en una inmensa ola de sonrisas burlonas, pero con ojos llenos de mar. Y ya no puedo ver mi reflejo sobre la pintura de ese oxidado metal, ni reconozco mis manos vacías entre la oscuridad, le digo a susurros casi imperceptibles que me extraño, que desearía que por favor se detuviese y me dejara viajar a su lado, abrazarla y dejar que me llenara las lagrimas, para que al final su viaje terminara, para que mi vida al fin tuviera un destino, llegar a una estación, sin ella, sin melancolía que me visita de vez en cuando, sin tiempo definido, sin certeza de que algún día se marchara para siempre, que no estaré estancada entre la negrura de las vías abandonadas, que las manecillas de cada reloj podrán volver a avanzar.

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