domingo, 18 de agosto de 2019

El sonido del reloj resuena en mi habitación, sobre mi cama, puesto en la pared me acompaña, con cada segundo marcado mi corazón avanza al abismo 3 metros, y dejo la esperanza dormida bajo la almohada, en coma espera la muerte, casi como los sueños que vivieron sobre esa tela, cada noche, y le pregunto a las horas que creo no voy a alcanzar, ¿Porque es que la noche nunca trae consigo la tranquilidad?, Pero nunca consigo respuesta. Mientras las horas me pintan bolsas oscuras bajo los ojos, comprendo que el ácido de mis lágrimas es el dolor más leve que voy a sentir. Y me aterro. Quiero irme.

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